Pido disculpas nuevamente por la tardanza, sé que he tenido el blog un poco abandonado, pero nunca olvidado. He estado ocupada, mi pc se habia dañado, la señal de mi internet era pésima, entre otras razones. Pero a pesar de eso he seguido escribiendo la web novela, y aqui les voy a dejar el siguiente capitulo. Les pido que me perdonen la tradanza. Disfruten el capitulo, espero sus opiniones acerca de este. Recuerden que ustedes son mi APOYO! Las AMO!
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Estaba ansiosa esperando
la llegada de Michael. Desde que recordaba no había anhelado tanto algo como su
llegada.
Esa mañana como
siempre salí a recoger la correspondencia, los domingos dejaban revistas de
cocinas muy buenas, al abrir la puerta
me encontré de frente con una figura que por fortuna ya conocía.
-
Michael –le dije con una sonrisa- Hola
-
Hola Alis, buen día –se acercó y me envolvió en
un tierno abrazo-
-
Pasa –le dije al separarme de él- Siéntate
-
Gracias, ¿Estás lista?
-
Sí, nos podemos ir cuando digas –Michael se
quedó mirando mi atuendo que eran unos jeans, Una camisa de cuello y mangas un
poco más abajo del codo, y unos zapatos altos- Creo que deberías llevarte algo
más cómodo.
-
Está bien, espérame –dije mientras me levantaba-
voy a cambiarme.
-
No –me detuvo- mejor te llevas aparte una ropa
más cómoda.
-
Ok. Ahora vuelvo.
Estuvimos listos,
y partimos a Neverland.
-
Hoy tendrás la bienvenida oficial a Neverland –
me dijo con entusiasmo mientras nos adentrábamos a la casa- Por eso te fui a buscar temprano.
Sí que había ido
temprano, llegó a mi casa a las 7:15 am.
-
Como te prometí ayer, hoy conocerás a mis
mascotas. Espérame aquí –me dijo mientras me dejaba en la cocina con Clarisse-
-
Hola Señora Clarisse –le dije dándole un beso y
un abrazo- ¿Cómo esta?
-
Muy bien linda. Pero puedes llamarme por mi
nombre, Clarisse, sólo Clarisse –me dijo con una tierna sonrisa-
-
Ok… Clarisse. Estas muy ocupada. ¿Acaso Michael
desayuna todo esto? –le pregunte con una risita incrédula, era mucha comida,
entre galletas, pastel, frutas, ensaladas-
-
No Alis –me respondió riendo- Michael me encargó
hacer todo esto porque… él ya te lo dirá.
-
Clarisse… -le dije en forma de ruego, pero no me
funcionó. De pronto sentí que alguien me jalaba un mechón de cabello, y escuche
una risita en respuesta de mi sobresalto. Giré mi cabeza hasta ver a Michael,
él sonrió y miro a su lado izquierdo.
-
Alis, él es Bubble –me dijo con una hermosa
sonrisa-
-
Hola Bubble –le dije con una sonrisa y mirando a
Michael asombrada. Bubble empezó a tirar de mi collar, lo que hacía acercarme
más a Michael, el olor de su perfume era delicioso- Es hermoso –dije mirando a
Michael fijamente, estábamos tan cerca que podía sentir su respiración-
-
Tiene curiosidad por tu collar –dijo Michael,
bajando la mirada apenado, hasta las manos de Bubble-
-
¿Puedo cargarlo? –Pregunte, mirando a Bubble,
que sostenía en sus manos el dije de mi collar, en forma de corazón-
-
Claro –me dijo tomado a Bubble y pasándomelo con
cuidado, como si fuera un delicado cristal-
Tomé a Bubble con
una sonrisa, y él seguía tirando y observando con curiosidad mi collar, su
pelaje era suave, y con la ropita que llevaba puesto se veía tan tierno,
parecía un peluche.
-
¿Qué tienes planeado para hoy Mike? –le pregunté
acariciando suavemente la cabeza de Bubble
mientras nos dirigíamos al jardín, después de haber desayunado-
-
Darte la bienvenida oficial, ya te lo dije,
conocerás también a un pequeño amigo –me decía mientras caminábamos por una
pasarela, rodeada de altos arboles-
Sentados bajo la
deliciosa sombra de aquel frondoso árbol y recibiendo los tibios rayos del sol
matutino, jugábamos con Bubble, hacíamos bromas. Michael me contaba anécdotas
de él con Bubble.
Luego de un
tiempo de estar ahí Bubble comenzó a fatigarse, estaba inquieto, Michael dijo
que seguramente tenía hambre, siempre reaccionaba así.
Nos fuimos a la
cocina, y Michael le pidió a Clarisse que le diera de comer a Bubble, siempre
lo hacia él pero esta vez dijo que teníamos que ir a ver a alguien, ella asintió, y entre sonrisas y palabras
lindas se lo llevó.
Desde la otra
sala unos pasitos rápidos resonaban contra el piso, y se escuchaba una risita
de niño.
Nosotros nos
aproximamos hacia la sala, en donde Michael se adelantó con una sonrisa ante la
presencia de un niño, un niño rubio de alegre sonrisa y mirada cautivadora.
-
Mac, que bueno que ya llegaste –le dijo Michael
al niño mientras se arrodillaba para mirarlo mejor- Pensé que tardarías más.
-
¿Tardarse? –dijo un hombre que estaba detrás de
ellos- si en cuanto soltó el teléfono, ya estaba entrando al auto –las risas de
ellos estallaron, sacándome una sonrisa mientras me recostaba del umbral de la
puerta. Los hermosos ojitos del niño se posaron en mí cuando Michael se levanto haciéndome señas para que me
acercara.
-
Alis, él es Mac, mi gran amigo –dijo esbozando
una perfecta sonrisa-
-
Hola pequeño, soy Alis –le dije mientras me
colocaba a su altura para abrazarlo, pero el pequeño travieso me salto de
improvisto con un fuerte abrazo, tan fuerte que me hizo perder el equilibrio,
por lo que los dos nos caímos al tiempo que se escucho mi fuerte chillido y las
risas de Michael y Mac.
-
Lo siento –me dijo el pequeño levantándose- ¿te
lastimé?
-
Tranquilo pequeño –dije con una sonrisa tendiéndole
mi mano a Michael que me ofrecía ayuda para levantarme- No pasó nada.
-
Mike, entonces hoy vamos a… -Michael le tapo la
boca con su mano impidiéndole hablar más, por lo que el niño soltó tremendas
carcajadas y quitó la mano de Michael-¡Ah! Ella no sabe nada… -señaló el niño
alzando las cejas traviesamente-
-
No, no lo sabe –le susurró Michael al niño en
tono de complicidad- Lo que ya sabes esta en el lugar de siempre –le murmuró al
niño en forma de clave. El niño le sonrió travieso y corrió hacia el jardín-
-
¿De qué le hablaste? ¿Qué estas tramando
Michael?
-
Ya lo sabrás, acompáñame a decirle a Mac que
comenzamos después de que te cambies –me tomó de la mano y caminamos hacia el
jardín-
-
¿Dónde está?
No lo veo por ningún lado –me detuve buscándolo con la mirada de frente
y Michael se paro unos pasos más allá, y cuando se giró para verme, su
expresión era de asombrado-
-
No Mac, aún no –grito haciéndole señas con las
manos para que se detuviera-
Cuando pensé en
voltear para ver que pasaba detrás de mí, sentí un golpe que me hizo
trastabillar hacia adelante, y al instante sentí un frio terrible en mi espalda
-¿Qué fue esto? –Dije en un suspiro tratando de respirar, quitando algunos
mechones de cabellos empapados que tenía en la cara- Michael –grite al verme
completamente empapada, y cuando alcé la mirada estaban él y Mac, muriendo de
risa ante mi aspecto, y el niño sosteniendo aún una pequeña cubeta verde en su
mano-
-
Bienvenida a Neverland –gritaron a unísono,
riendo sin parar-
-
Esta es nuestra bienvenida –me dijo Mac- todo el
que llegue a Neverland termina mojado, sin importar la ropa que lleves –el
continuaba riendo y Michael también-
Yo seguía ahí
parada, casi temblando de frio, el agua que me había lanzado el niño estaba
realmente fría, Michael se acercó al niño y le dijo que aún faltaban cosas, y que
empezaríamos luego. El pequeño asintió y salió corriendo.
-
Tengo frio –le dije cuando se acerco hasta mi-
-
Aun falta un tiempo, es mejor que te cambies.
Ven –me tomo de la mano y entramos a la casa. Me llevo hasta un cuarto que era
dos o tres veces más grande que el mío. Y yo que pensaba que mi cuarto tenía
mucho espacio.
-
Es una habitación hermosa –el cuarto estaba
divinamente decorado en tonos ocre, marfil y blanco. Me acerque hasta la
ventana y tenía una vista hermosa del jardín- ¿De quién es esta habitación?
-
Es una habitación de huéspedes. ¿Te gusta? –me
pregunto Michael mientras se acercaba a la ventana- tiene una vista hermosa,
¿No crees?
-
Si, realmente hermosa –dije embelesada con el
paisaje.
-
Ahí están tus cosas –dijo señalando un sillón a
unos cuantos metros más allá- Cámbiate
y nos vemos en la cocina- se dio la vuelta y luego de dirigirme una de sus
deslumbrantes sonrisas desapareció detrás de la puerta-
Yo me quedé
observando cada cosa, cada detalle de la habitación, y después de un tiempo me
fui a cambiar.
Salí del cuarto,
y baje, pero me fui por un pasillo, que yo no sabía hasta donde daba. Seguí
caminando, aun sabiendo que no iba por la dirección correcta hacia la cocina, y
me detuve frente a una gran puerta de madera. Cuando pensé en tocar, para saber
si había alguien ahí, esta se abrió.
-
¿Qué haces aquí? –Era Michael el que estaba ahí
adentro-
-
Pues iba a la cocina y tomé un pasillo que me
condujo hasta aqui, esta casa tiene muchos pasillos y salas, y bueno, me perdí
–le dije en una risilla-
-
No importa –respondió el con una risilla- ven
Me tomo de la
mano, y seguimos caminando hasta la cocina, no estaba muy lejos desde donde
partimos.
En la cocina
estaba Mac conversando con Clarisse.
-
¿En donde estaban? –pregunto Mac, luego de darle
un mordida a su manzana-
-
Alis se fue a cambiar –le dijo Michael-
-
Tenía frio –continué yo- debido a que alguien me
empapó con agua muy fría
-
Tenía que hacerlo –dijo el pequeño, con un tono
de obligación-
Todos nosotros
estallamos de risa luego de lo que dijo Mac.
Decidimos ir a
caminar los tres por el extenso jardín, la mañana estaba soleada, el aire era
dulce, el canto de algunos pájaros alegraban el lugar y el vuelo de las
mariposas de flor en flor daban la esencia exacta al lugar.
Yo caminaba a la
par de Michael con las manos dentro de los bolsillos de mis jeans, mientras él
iba despacio pero daba grandes zancadas, con sus manos entrelazadas y colocadas
en su espalda. Algunas veces se giraba para mirarme a los ojos mientras seguía
hablando y señalándome con gran entusiasmo cada una de las cosas que había en
ese inmenso y hermoso jardín, el viento batía alguno de los rizos que
acariciaban sus mejillas.
Después de un
momento de estar caminando, me encontraba de frente con unas barras de metal,
el lugar olía a paja y a humedad, un movimiento más allá de las barras de metal
centró mi atención, había un caballo de color caoba, era hermoso, su pelaje era
brillante, era si duda el corcel más bello que había podido ver.
Michael sonrió y
se apoyo de la baranda
-
Es un caballo hermoso, algunas veces lo monto.
¿Te gusta Alis?
-
Si, es muy lindo. ¿Crees que puedo tocarlo? –le
pregunte a Michael con voz queda-
-
Por supuesto que puedes –me dirigió una sonrisa,
y tomó suavemente mi mano posándola en la brillante cabeza del animal-
Estuvimos ahí
por un rato mas, Michael me siguió mostrado otras de sus mascotas, hasta que
Mac le dijo a Mike que quería empezar a jugar a las guerras de agua.
Michael le
revolvió los cabellos al pequeño y salimos de ahí, unos cuantos metros y
habíamos llegado a una especie de pórtico que en frente se veía la piscina, y una
parte del jardín.
-
Genial, ya está todo listo –Mac salió corriendo
con un gran entusiasmo, y nosotros los
seguimos-
Ellos prepararon
todo, en una mesa había pistolas de agua, y un poco más allá, en el suelo había
cubetas, algunas llenas de agua y otras llenas de bombas con agua.
Michael y Mac reían,
hablaban sobre cosas, seguramente recordando anécdotas y juegos anteriores.
Me dijeron que
todo estaba listo y Michael tiró de mi, salimos corriendo hacia donde unos
hombre un poco mayores que Mike habían puesto unas cuantas cubetas llenas de
globos.
El hermoso hombre de cabellos rizados tomó un
globo y lo balanceo en su mano y empezó a decir:
-
Ok Mac, ya tu conoces las reglas, pero tu –dijo
dirigiéndose a mí, con una voz traviesa- tu no las conoces. Básicamente se
trata de mojar a los otros, y pues no hay reglas. Solo diviértete.
Al terminar la
última palabra Michael estaba lanzándome el globo que tenía en la mano, y en una
rápida reacción que tuve, la bomba estallo en mi brazo, el por supuesto salió
corriendo mientras se carcajeaba.
La tarde
transcurría, mientras nosotros estábamos completamente empapados, eso porque yo
tuve que agarrar a Michael, ya que él no se dejaba mojar, trato de escaparse y
entonces no caímos, el estaba encima de mí, Mac aprovechando la oportunidad
para mojar a Mike llego con una cubeta de agua y nos la arrojo.
Michael tembló
ante el frio que recorrió su espalda, unos de sus rizos empapados acariciaron
mis mejillas, sonrojándome casi inmediatamente.
Al parecer no le
importo estar completamente mojado, su boca se transformó en una amplia sonrisa,
el estaba mirándome fijamente, me sorprendía lo cerca que estábamos pero él
parecía ignorar eso, podía sentir su pecho agitándose en cada respiro.
Apoyo sus manos
en la tierra, una a cada lado de mi cabeza, se estiro y con una mirada pícara
me dijo
-
Tramposa – se levanto y me tendió una mano para
ayudar a levantarme- ¿Estás bien?- Yo solo asentí, arreglándome la camisa que
estaba completamente mojada, arrugada y odiosamente pegada a mi cuerpo.
Michael se dio
la vuelta para ver a Mac
-
Eres un
traidor Mac. Ya veras
Salió corriendo
detrás de él, después de ir por unos globos, para explotarlos en su pequeño
rival.
Por la posición
del sol deduje que eran alrededor de las cinco de la tarde, Michael seguía
corriendo detrás de Mac, solo que ahora llevaba en lugar de globos una pistola de agua, las favoritas de Michael, la escena era bastante
divertida, Michael esquivando talentosamente los disparos de Mac, y Mac pues un
poco mas empapado que Michael, sus carcajadas me hicieron sonreír, y fruncí el
ceño al darme cuenta que corrían hacia mí, me fui echando hacia atrás, subiendo
en un cumulo de tierra que había detrás de mí, en un pestañeo el pequeño estaba
detrás de mi apuntando a Michael con la pistola por mi lado derecho cambiando constantemente de
posición para que Michael no lo mojara.
-
No, ya está bien, no quiero tener que ver en
esto, no tienes porque mojarme – le dije a Michael que estaba divertidamente
lanzando chorros de agua hacia mí, al parecer había dejado de importarle mojar
a Mac para mojarme a mi- Mac, no me uses como escudo- trataba inútilmente de
esquivar el agua que Michael me lanzaba interponiendo mis manos, pero el
esfuerzo valía nada.
-
Ríndete Mac, no te servirá de nada estar ahí, en
un momento derivare tu escudo, y voy a mojarte de igual manera- él seguía
mojándome con unas animadas carcajadas-
-
Michael basta –le suplique pero parecía no
escucharme, escuche a Mac detrás de mi espalda decir No puede ser me quedé sin carga, supuse que saldría corriendo a
llenar la pistola o buscar otra cosa para atacar, lo que no me imaginé es lo
que haría para distraer a Michael mientras Salía a buscar lo que necesitaba.
Sentí sus manos
en mi espalda y me empujo lentamente hacia adelante, mientras yo luchaba por
mantener el equilibrio ya que Mac me mecía de un lado a otro, en dirección a
Michael, el pequeño escudándose aun en mi, vio por un momento la distancia que
había entre Michael y yo, no mucho mayor a un metro.
-
Ayúdame Alis, por favor –Mac miro de mi hacia
Michael repetidamente, y le grito a Mike- Atrápala – Michael frunció el ceño
confundido, y en el segundo siguiente yo estaba yendo hacia Michael, en una
reacción muy rápida por parte de Michael, tiro la pistola y me agarro tan
fuertemente que perdió el equilibrio cuando mi peso impacto contra él, hubo un
problema en sus pies, y yo había perdido por completo el sentido de equilibrio
y caímos, pero de lo que no me había percatado es que cuando Mac se había ido
acercando a Michael él había ido dando pasos hacia atrás, habíamos quedado muy
cerca de la piscina, y fue exactamente ahí en donde caímos.
El agua no
estaba precisamente tibia, por el contario estaba muy fría, sentía el peso del
agua llevarme hacia abajo, al reaccionar me di cuenta que habíamos caído en la
piscina que hacía unas horas yo había visto que estaba en frente del pórtico.
Nadé hacia arriba y salí, intentando desesperadamente atrapar una bocanada de
aire, no salí tan elegantemente como salió Michael en frente de mi, mi cabello
estaba hecho triza, revuelto por toda mi cara y por el contrario el cabello de
Michael caía ordenadamente en perfectos rizos como un dios saliendo del agua.
Sacudió su cabeza para deshacerse del agua que tenía en sus cabellos, y después
se dirigió a mí.
-
¿Estás bien? –pregunto acercándose, mientras yo
solo sentí, pensando aun en como podía ser tan prefecto, incluso al caer
desprevenidamente en la piscina- Pensé que te habías ahogado o algo así; te escuche
respirar desesperadamente-
-
Estoy bien, no pasa nada. No esperaba caer aquí,
lo siento, yo te empujé…
-
No, tranquila, no fue tu culpa –se acercó hasta
mi con un sonrisa, su mano capto mi atención al dirigirse a un mechón de mi
cabello que estaba adherido a la piel de mi mejilla, retirándolo, lentamente
bajo su mano hasta dar con la mía y me hizo una seña hasta las escaleras de las
piscina- Vamos a salir, está haciendo frio- Una pequeña figura se detuvo en
frente de nosotros.
-
¡Y Mac ha ganado la batalla! -El pequeño tenía
una gran sonrisa, y un aire victorioso- Lo planee todo Mike, vi la distancia
que había entre nosotros y la piscina. Lo calcule todo, y mi plan dio
resultado, sabía que no dejarías caer a Alis, así que aproveche eso. Esa fue mi
estocada final, y te gane, quedaste completamente mojado-
-
Muy ingenioso de tu parte Mac- dijo Mike
avanzando hacia la orilla, y yo iba detrás de él- si, asumo que ganaste, pero
esta no será la última batalla, ya lo verás en la próxima- se volvió hacia mí y me tendió su mano para
ayudarme a salir-
-
No puedo creer que me usaras Mac –le dije al
salir de la piscina - ¿que hubiera pasado si me hubiese caído?
-
No te preocupes, sabía que Mike no te dejaría
caer. ¿Viste lo rápido que reaccionó? ¿Te diste cuenta como lanzo la pistola
para atraparte? El nunca te dejaría caer, por nada del mundo, por eso lo hice,
estaba seguro de lo que Michael haría, que sería atraparte –Mac siguió
caminando unos cuantos pasos delante de nosotros.
Todo lo que había dicho tenía razón, aunque
no me había fijado, Michael me atrapo inmediatamente, era obvio que no me iba a
dejar caer. Lo que resultaba un poco incomodo era el modo en que Mac había
dicho lo que dijo, que quería decir con El
nunca te dejaría caer, por nada del mundo, había dado una entonación a la
frase que hizo a Michael aclarar su garganta. Y el sonrió traviesamente
dirigiendo su mirada de Michael a mí y viceversa, antes de proseguir con su
explicación.
-
Entremos a la casa, necesitamos cambiarnos, ya
está cayendo la noche y comienza a hacer frio, es mejor que entremos antes de
resfriarnos –le dije a Mike que caminaba a mi lado exprimiendo su camiseta aun
mojada.
-
Si, tienes razón –soltó su camisa arrugada justo
ahí en donde la había comprimido- Mac entremos, comienza a hacer frio.
Pasamos a la cocina en donde estaba
Clarisse, aparentemente preparando la cena, la casa estaba caliente, excelente
para calmar el frio que empezaba a hacer fuera, agradecí por eso, ya que
comenzaban a entumecerse los dedos de mis pies.
-
Justo ahora estaba pensando en ir a buscarlos,
¿Tenian planeado quedarse toda la noche fuera? –Comentó Clarisse, agregado unas
bolitas moradas en un bol-
-
Se nos fue el tiempo sin darnos cuenta –Michael
estaba inclinado apoyado en el mesón que dividía la cocina- Es lo que pasa
cuando te diviertes –poso su mirada en mi y su boca se transformó en una curva-
¿No es cierto Alis?
-
Si es cierto- Dije parándome al lado de él- ¿Qué
estás preparando Clarisse? –la cocina olía a frambuesas y caramelo, y restos de
algunas especias-
-
Es la cena, un menú especial –dijo sin dejar de
mirar el bol y seguir batiendo- Es mejor que vayan a cambiarse para la cena, no
falta mucho y ustedes están mojados, pueden coger un resfriado, y… -dejo el bol
en la mesa y poso su mirada en Mac- tendrán que tomar ese delicioso té que yo
preparo contra el resfriado –al terminar la frase, Mac cambio su expresión de
divertida a completo horror y dejo sobre la mesa a medio comer un panecillo que
agarro cuando entramos a la cocina.
-
Me voy a cambiar enseguida, no quiero volver a
tomar ese horrible té en toda mi vida –sacudió sus manos y salió corriendo de
la cocina, caminado cuando Michael le dijo que no corriera porque podía
resbalar y sería peor.
-
Creo que a alguien no le gusta tu delicioso té Clarisse –le dije con una
sonrisa cuando Mac abandonó la cocina-
-
Si supieras por qué salió corriendo,
literalmente, de aquí –Michael se giró para mirarme de frente, y pude ver que
estaba recordando algo muy divertido por la expresión que tenia-
Una vez –comenzó a contar Michael- no hace
mucho tiempo, Mac y yo pasamos todo el día jugando a las guerras de agua, y
después comenzó a llover, él insistió que nos quedáramos un rato en la lluvia,
y aunque yo sabía que no debíamos, estuve de acuerdo en hacerlo solo un momento,
cuando decidimos entrar el no quiso, así que solo le dije que no entrabamos,
pero que nos quedaríamos solo un rato mas en el pórtico y no bajo la lluvia, a
regañadientes estuvo de acuerdo, aunque hacia mucho frio. Le dije que era hora
de entrar y aunque en principio se negó, luego entro. De ahí a unas cuantas
horas tenía fiebre y estornudos, si, se había resfriado, no sabía que hacer o
como decirles a sus padres que se había enfermado por mi culpa, sus padres no
estaban en la ciudad y yo me había ofrecido a cuidarlo. Clarisse le preparo un
te, y fue una completa batalla para que se lo tomara, no te imaginas como
lloraba y daba vueltas en la cama intentando taparse la boca –Escuche una
risita de su parte y también la de Clarisse- el dice que sabia asqueroso, y si
era verdad porque me obligo a tomar un poco y solo así el se lo tomaría.
-
Aunque no puedes negar que le sentó muy bien, al
otro día ya no tenía nada –comentó Clarisse, Michel asintió- Y es mejor que
ustedes se vayan a cambiar si no quieren tomar también ese delicioso te -dijo
con una sonrisa.
-
Clarisse sabes que aprecio todo lo que preparas,
pero es mejor que me vaya a cambiar, ya sabes, es solo por prevención –dijo
Michael entre risas- Vamos Alis –me tomo de la mano. Y susurro algo en mi oído-
Créeme no querrás probarlo-
-
Mike, ¿tan mal sabe? Apuesto a que no has
probado algo tan mal como –temblé ante el recuerdo de un jarabe que me había
dado mi Nana Cindy- Ya no recuerdo como se llama, pero es algo verdaderamente
asqueroso.
Reíamos mientras
avanzábamos por unos pasillos, yo sentía en la casa eso que llama el calor de
hogar, me hacía sentir cómoda, recordar esa casa en la que había crecido, junto
con todo lo que quería. Me hundí en mis recuerdos.
-
Papá ¿Por qué mamá no está aquí? Ella me dijo
que hoy cenaríamos juntos.
Estaba una niña
de unos 6 años, sentada en una alta silla de un largo comedor, en un amplio
salón con altas ventanas que a través de sus cristales dejaba entrar
indiscretamente la luz del ocaso, creando sobras en los rincones del salón. En
frente estaba un hombre de unos 35 años, de cabellos oscuro y ojos claros.
-
Ella seguramente está cansada –le dijo el
hombre, tomando un liquido de una copa- Es mejor que empieces a comer pequeña,
se enfriará la cena. Otro día tu madre comerá con nosotros.
-
¿Cuándo? –protestó la niña- Siempre me dices lo
mismo –moviendo su cabellera dorada-
-
Alisha, yo estoy aquí, contigo. Tu madre llego
cansada y se tuvo que acostar.
La pequeña no dijo más nada, sólo le daba
vueltas al contenido de su plato, apoyando su mejilla en una de sus manos. En
su mirada había un halo de tristeza y soledad.
Ese recuerdo pasaba por mi mente como una
película. La voz de Michael llamándome me hizo reaccionar, agitando un poco mi
cabeza, para sacudir esos recuerdos que amenazaban ya con precipitarse todos de
una vez.
-
¿Alis estas escuchándome? ¿Estás bien? –Michael
estaba tomándome por la muñeca, mirándome con preocupación.
-
Lo siento –no estaba mirándolo, realmente me
sentía avergonzada- ¿Qué estabas diciéndome?
-
Nada, ve a cambiarte y te espero en el comedor
–dijo soltándome, dirigiéndome una sonrisa-
-
Está bien, si no me pierdo en el camino. Ya
sabes, como lo que pasó hoy.
-
Vendré a buscarte entonces –sonriendo se dio la
vuelta, y camino hasta la puerta de una habitación a unos metros de donde
estábamos- En unos 20 minutos ¿Está
bien?
-
Si perfecto –dije mientras tomaba el pomo de la
puerta y lo giraba-
La habitación estaba tenuemente iluminada
por la luz que se filtraba por los ventanales descubiertos, creando sombras
alrededor de los objetos, objetos que tomaron su forma cuando la luz de la lámpara
iluminó completamente la habitación.
Tome un vestido de color verde hoja que
había llevado cuando Michael me propuso llevar otra ropa. Luego de unos 20
minutos estaban tocando la puerta, me apresure en ajustar mis tacones y fui a
abrir la puerta. En frente de mi estaba Michael, traía puesto un pantalón negro
y sweater color naranja, sus rizos caían ordenadamente por sus hombros, y
algunos delicadamente colocados en su frente.
-
¿Lista? –Preguntó y su mirada recorrió
discretamente todo mi cuerpo-
-
Sí, ya podemos bajar –Le dije cerrando la puerta
detrás de mi-
-
Mac pasó hace un momento por mi habitación,
supongo que debe estar en la cocina –dijo Michael, mientas avanzábamos por uno
de los pasillos.
Llegamos y Mac estaba con Clarisse, sentado
en una silla, en el comedor. Él nos estaba esperando para comenzar a comer.
Mientras comíamos Mac y Michael me contaban
anécdotas, y el pequeño me explico por qué me había mojado cuando llegué al
jardín. Me conto que siempre que alguien iba por primera vez a Neverland tenía
que mojarse, sin importar la ropa que llevase, era una Regla.
Seguimos conversando luego de que Clarisse
trajera el postré, un delicioso pastel de frambuesas.
El pequeño comenzó a preguntarme cosas, en
realidad él no me conocía, me había visto por primera vez hoy. Nos preguntó
cómo nos habíamos conocido, y cómo fui yo a parar en Neverland. En realidad yo
nunca me había preguntado que había estado haciendo Michael el día en que torpemente
tropecé con él en aquel parque. Decidimos contarle cada uno por su parte, hasta
que coincidimos en el parque.
-
Ese día cuando desperté me sentía un poco
extraño –comenzó Michael- Bajé a
desayunar y le comenté a Clarisse lo que me pasaba. Ella me dijo que
saliera a tomar aire, a caminar por el jardín, y eso fue lo que hice. Después
de estar un tiempo por ahí, decidí que saldría a caminar a un parque por el que
había pasado una vez con Alex. ¿Recuerdas Alis, el chico que te fue a buscar
ayer? –hizo un paréntesis para decirme eso y siguió cuando yo asentí- Llegué
ahí y como siempre estaba solo, comencé a caminar por una de las pasarelas, ese
día el aire estaba muy frío. Me detuve a observar una paloma, era hermosa,
completamente blanca, y me pregunté que estaría haciendo ahí, estaba parada
sobre una rama sin hojas, no muy lejos de donde yo estaba. Unos cuantos
segundos después, ella voló, por encima de mí, y cuando la iba a seguir con la
mirada, di unos pasos atrás y… -miro a Mac y luego a mí, con una sonrisa que me
dejo atónita por unos segundos que me parecieron eternos- Choque con Alis, ella
casi se cae, pero la sostuve.
-
Es cierto, si no hubieras reaccionado tan rápido
posiblemente me hubiese caído, o me hubiese lastimado el tobillo –le dije
mirándolo agradecida por aquello-
-
Michael tiene reacciones muy rápidas –dijo Mac-
Ya ves lo que paso esta tarde, te salvo por segunda vez.
-
Sí, pero terminamos los dos en la piscina –le
dijo Michael, tomando un pedazo de su rebanada de pastel-
-
¿Y contigo Alis? ¿Qué pasó ese día? –preguntó
curioso Mac-
-
Ese mañana yo estaba en mi casa, estaba sola, y no tenía nada que
hacer –Yo les estaba contado eso un poco disfrazado, qué caso tenía que le
contara a Mac lo que en realidad me había pasado, no quería convertir el
momento en algo triste, así que empecé a contrales como había sido, pero de una
manera objetiva, eso sería lo mejor- Decidí salir a caminar, el parque del que
Michael estaba hablando queda relativamente cerca de mi casa, así que cada vez
que puedo voy para allá. Como dice Michael el viento estaba muy fuerte y casi
me empujaba hacia adelante, además tenía el cabello alborotado por toda mi cara
y no podía ver bien. Observe no mucho una
silueta, pero pensé que no toparía con él, pero como dio unos pasos
hacia atrás, chocamos.
-
Yo en realidad no te había visto –dijo Michael
terminado con su pastel- De otro modo eso no hubiera pasado.
-
Pero entonces no se hubiesen conocido –Mac ya había
terminado su pastel y estaba apoyado sobre la mesa, escuchando atento nuestro
relato-
-
Tienes razón Mac –le dije con una sonrisa y
dirigiendo mi mirada hacia Michael, que para mi sorpresa estaba sonrojado
mordiendo en un gesto innato el labio inferior de su boca, jugando con una
servilleta-
-
Quiero ir a ese parque –dijo Mac mirándonos con
un brillo en su mirada- ¿Prometen que me llevaran?
-
Yo te llevaría encantada –le conteste al pequeño
antes de dirigir mi mirada hacia Michael- ¿Qué dices Mike, nos acompañarías?
-
Si claro, pero debes preguntarle a tus padres
Mac –contestó Michael- Si dicen que si, un día te llevaremos-
-
Genial –dijo con alegría.
Seguimos hablando de muchas otras cosas,
luego Mac nos sugirió que viéramos una película, así que estuvimos de acuerdo
en ir a la sala de cine, llevamos unos
jugos y unas palomitas de maíz y le dimos a Mac la oportunidad de
escoger la película que quisiera.
El tiempo para mí no importaba en lo
absoluto, cuando estaba con Michael podrían pasar años y a mí me seguirían
pareciendo horas. Reíamos, hablábamos y nos lanzábamos palomitas en juego.
Cuando la película estaba por terminar Mac
ya estaba bostezando de sueño, entramos a la casa y Michael le dijo que subiera
a dormir, él se quedaría esa noche en Neverland.
-
Vamos Mac yo te llevo –le dije tomándolo de la
mano-
-
Llévalo, por favor, puede caerse, está casi
dormido –dijo Michael con una risita, por la cara de sueño que tenia Mac-
-
Puedo llegar hasta la habitación solo ¿Sabes?
–le respondió Mac- Pero prefiero que ella me acompañe. Así estará conmigo y no
contigo –Mac tiro de mi brazo, alejándome unos centímetros más de Michael-
-
Ve a dormir niño, ya no sabes lo que dices
–Michael evito mirarme, supuse que estaba sonrojado, aunque no sabía si era por
el comentario de Mac-
-
Estaré en
la cocina Alis –dijo Michael mientras pasaba por mi lado, dirigiéndose hacia
uno de los pasillos-
-
Está bien, vuelvo mas ahorita -lo veía dirigirse
al pasillo, con su paso lento y elegante-
La habitación en la que entre con Mac era muy
amplia, había una alfombra con un juego, al parecer un rompecabezas desordenado
ahí, también repisas llenas de juguetes, y la cama estaba ordenada cubierta por
una cobija azul rey.
-
Es hora de dormir pequeño –lo ayude a subir a la
cama, y puse la cobija hasta sus hombros-
-
Gracias por traerme –me sonrió y se acomodo
debajo de las sabanas- Buenas noches
-
Descansa –le reacomode su hermoso dorado cabello-
Buenas noches
Salí de la habitación y Mac no tardo nada
en quedarse dormido. Avancé hasta la cocina y me encontré con Clarisse.
-
Alis –dijo dándose la vuelta hacia mi- ¿Mac ya
se durmió?
-
Sí, estaba muy cansado –le dije en una risita,
al recordar la cara que tenía el pequeño-
-
Michael estuvo hace un momento aquí y me dijo
que habías ido con Mac
-
Si, quise ir con él, estaba que se dormía
–Clarisse se sonrió y se detuvo en frente de mi- ¿Sabes dónde está Michael?
-
Me dijo que estaría en la sala principal,
esperándote.
-
Iré a buscarlo. Me parece que ya es tarde, es
hora de irme –le dije a Clarisse, mirando el reloj y percatándome de que eran
la 10:40 de la noche-
Caminé hasta la sala principal, pero para mi
sorpresa Michael no estaba ahí, seguí caminando más, la sala estaba un poco oscura, la única
luz emanaba de una lámpara ubicada en una esquina de la sala.
Había una luz proveniente de una habitación
y que iluminaba el pasillo que daba hasta la puerta de ese cuarto. Seguí ese
pasillo hasta encontrarme con una puerta medio abierta.
Al
empujar la puerta, creí que la luz que salía hacia el pasillo provenía de una
única lámpara ubicada en una mesa de frente al corredor, pero esta iluminaba
débilmente, una ola de viento tibio choco contra mí, alcé la vista y divise que había una chimenea en el fondo del cuarto,
supe de inmediato que me encontraba en el salón que había entrado con Michael
el día anterior.
Recorrí
con la vista el salón y reconocí los muebles, los cojines en la moqueta, la
pequeña mesa en medio de la alfombra, entre el mueble y la chimenea, el buro en
una esquina con portarretratos que en los cristales se reflejaba el fuego de en
frente opacando las fotos, las altas ventanas con una amplia base, unos
centímetros sobre el suelo, y una figura ahí, sentada, con sus piernas
enrolladas, observando a través de los cristales, como queriendo descubrir el
más profundo secreto detrás de ellas.
-
¿Michael? –El sonido de mi voz me sorprendió,
había hablado tan bajito y frágil, quizá por miedo a romper aquel silencio, mi
voz se desvaneció y no obtuve respuesta alguna, el único sonido provenía del
débil repiquetear de mis tacones contra la moqueta mientras caminaba a la par
del mueble, con cautela, deteniéndome al final de este.
-
¿Michael? –Esta
vez le hable un poquito más fuerte, y me había ido acercando más. El se
sobresalto y yo hice lo mismo instantáneamente. El se giró y su rostro a contra
luz era hermoso, se marcaban sus pómulos, y la curvatura de sus pestañas era
perfecta. –Lo siento, no quise asustarte –le dije uniendo mis manos en un gesto
de disculpa, y respirando profundo para tranquilizarme-
-
Tranquila, es solo que no estaba escuchando.
Mac, ¿Ya se durmió? –Se había levantado y estaba en frente de mi, mirándome
fijamente, me empezaba a gustar que me mirara de esa manera-
-
Si, hace un rato –Noté que las llamas arrancaban
de sus ojos unos destellos y su mirada tenía un brillo extraño, pero hermoso- ¿Estás
bien?
-
¿Recuerdas que te dije que por la noche tenía
una vista estupenda? –Michael se giro hacia la ventana- Ven –me miró, sonrió y
tendió su mano hacia mí. Yo sin decirle nada tome su mano, era cálida y suave.
Al apretar su mano con la mía sentí un escalofrió desde la yema de mis dedos y
recorrió mi espalda. Avanzamos hasta la base de la ventana- ¿Lo ves?
-
Es… -No sabía que palabra utilizar, no existía
palabra para definir aquello, el jardín se veía infinito, los arboles formaban
altas sombras, y al subir la vista, el cielo. El cielo estaba completamente
despejado, sin una nube, dotado de millones de estrellas que titilaban como
nunca antes las había visto hacerlo, eran mucho más brillantes, y un poco más
arriba la luna, en fase menguante, una perfecta curvatura, acunando
pensamientos y deseos para luego al estar llena de ellos realizarlos. Estaba
tan plateada, nunca la había visto tan limpia y brillante. Habrían tantos
posibles adjetivos para definir aquello, tantas palabras, pero yo sentía
que ninguno alcanzaría, ni siquiera hermoso
o perfecto- Michael esto es… es
grandioso, único, espléndido, te juro que no encuentro palabra para precisarlo-
-
Lo sé –dijo él, con una voz que nunca le había
oído, tan llena de dulzura, amor, nostalgia- Por eso sólo observo, y me lleno
la vista de su belleza- Me gire al sentir su mirada cubriéndome, y en efecto el
estaba mirándome, había dicho eso último mirándome. Sentí una corriente en la
boca del estomago, y espontáneamente sonreí, sentí mis mejillas tensarse, desde
hacía mucho tiempo no sonreía tan abiertamente como lo estaba haciendo ahora,
él me respondió con una de esas sonrisas que deja sin aliento, y al segundo
siguiente ya estaba sintiendo la sangre picar dentro de mis venas,
precipitándose a mis mejillas, y sonrojada hasta la medula separe mi mirada de
la de él, sintiendo mis mejillas tensadas aun por la sonrisa, pose la mirada en
el jardín detrás de los cristales-
-
La luna esta
hermosa –dije rompiendo aquel silencio- Dicen que cuando esta así, en
fase menguante es porque acuna deseos, luego se va llenando de ellos, y cuando
está en fase llena es porque se ha colmado de deseos y luego los cumple.
-
¿Eso es verdad? -él y yo estábamos sentados en la base de la
ventana, uno en cada esquina, en frente del otro-
-
¿Tú lo crees? –le pregunté-
-
Si, lo creo –dijo observando la luna, el fuego
de la chimenea creaba su perfecto reflejo en los cristales de la ventana, el cual yo estaba
viendo-
-
Entonces es verdad –le dije, mientras el
volteaba a verme con una sonrisa, a la cual correspondí-
Nos
quedamos ahí sentados por un rato, observando como pasaba la noche, el ambiente
era agradable, el aire tibio que contrarrestaba el frio que desde que entramos
a la casa hasta ahora había ido aumentando.
-
Cuando era pequeña –le comencé a contar a Michael-
me quedaba mirado la luna, hasta que mi
padre venia a mi cuarto a decirme que era hora de dormir. El era un buen padre
–Michael ahora estaba mirándome serio, prestando atención a lo yo comenzaba a
contarle cuando él preguntó por mi padre- Mi madre no era muy cariñosa por
decirlo de alguna manera, siempre estaba
ocupada con sus desfiles y esas cosas. La mayoría del tiempo lo pasaba fuera de
casa, así que pocas veces estaba conmigo.
-
¿No tienes hermanos me dijiste una vez?
–pregunto Michael-
-
No exactamente –Nos habíamos sentado en la
moqueta frente a la chimenea, para calmar un poco el frio- Yo quería tener
hermanos, y mi padre tener otros hijos, pero mama no quería, recuerdo que
siempre se disgustaba cuando yo lo mencionaba –llegó un recuerdo a mí, que como
si se tratara de una película comencé a narrar-
Una tarde en la que iba por un pasillo camino a mi habitación los
escuche hablando acerca de que mi madre no tendría más hijos, que ya había
hecho mucho con tenerme a mí, que me había tenido solo por la presión de mi padre-
No podía contener mis lagrimas al recordar eso- desde ese momento todo cambió
para mi, al escuchar lo que dijo mi madre supe, o en realidad confirme que ella
no me quería –estaba mirando fijamente el fuego en la chimenea- Desde que
recuerdo siempre estuvo concentrada en sus fiestas, desfiles, fotografías,
presentaciones; Nunca tenía tiempo para mí, yo siempre estaba con mi padre. La
escuche decir en esa misma conversación que había arruinado su figura una vez
por mi culpa, y que no lo haría otra vez, por un simple capricho de mi padre.
No quise seguir escuchando, con eso me pareció suficiente, y me fui a mi
cuarto, a pensar en todo lo que había escuchado, decidí no insistirle más a mi
padre con querer tener un hermano, porque no quería que sufriera lo que yo
estaba sufriendo, además que no le dije que había escuchado esa conversación
–Sentí correr una lagrima caliente por mi mejilla, y me percate entonces que
había comenzado a llorar, aunque mi voz era firme- Alguna vez te has preguntado
Michael, que si nadie en el mundo entero se preocupa por ti, ¿Realmente
existes? –lo mire al terminar esa frase, sentía mis mejillas empapadas de
lagrimas, y aun así mi voz seguía siendo firme-
-
Existes Alis, tu no estás sola, yo estoy contigo
- Michael estaba a mi lado, su brazo rosaba con el mío, me miro y dijo- Nunca
más vuelvas a decir algo así, porque a partir de ahora, cuentas conmigo para lo
que sea –busco mis manos que estaban apoyadas en mis rodillas y las unió a las
de él-
Michael me
miraba con una intensidad en sus oscuros ojos, que me perdí en ellos. Realmente
decía la verdad, podía confiar mi vida a él. Me preguntaba en ese momento,
mirándolo, cómo pudo el ganarse tanto
espacio en mi vida en tan poco tiempo.
Recordé a John,
el había sido mi amigo por mucho tiempo, y aun así cuando lo conocí tardaron
varios años para que yo pudiera confiar en él como lo hacía hasta ahora, pero
en Michael había confiando el mismo día en el que lo conocí, aceptando encontrarme
otra vez en el parque con él.
-
Y sí, me lo he preguntado Alis, pero sé que no estoy solo, se que algún
lugar alguien piensa en mí –el sostenía aun mis manos- Tu no estás sola, Alis,
yo me preocupo por ti, y tu familia también-
-
¿Mi familia? ¿Qué familia? –arranque mis manos
de su agarre y me seque bruscamente las lagrimas-
-
No seas dura contigo misma
-
La vida es dura, Michael, la vida me ha dado
cosas, sí, pero me ha quitado más –mi voz me sorprendía a mí misma, pero estaba
tan molesta que no me importo- Y será
mejor que me vaya, ya es tarde –sin verlo me levante de la moqueta para salir
del salón e irme a casa, pero un momento después algo me impidió seguir
caminando y tarde un segundo en saber que era-
-
No te vayas… Quédate –Michael estaba detrás de
mi sosteniéndome delicadamente por el antebrazo, me giré en redondo y lo mire
fijamente-
-
Michael no creo que…- Sus ojos gritaban, esos
hermosos y oscuros ojos rogaban un Si de mi parte-
-
Por favor…
-
No me mires así –su mirada estaba tan fija en
mi, rogándome que le dijera un si- No podría negarme. Pero Michael, yo…
-
¿Entonces te quedas? Por favor…
El cuarto a
donde Michael me llevo era el mismo que había utilizado en la tarde para
cambiarme, mis cosas seguían ahí, me senté en una esquina de la cama y me tire
de espalda, comenzaba a sentir sueño y recordé que llevaba todavía los tacones
y el vestido verde. Recordé también la actitud que había tomado al hablar con
Michael sobre mi pasado, sabía que no tenía que haber reaccionado así, y me di
cuenta que tenía que disculparme con él. Me levante a rebuscar en la ropa que
había traído, algo cómodo para dormir, saque una camisa y mi teléfono rodo
estrepitosamente por la moqueta. Cuando lo tome vi que eran la 1:05 am y lo que
más me sorprendió fueron las 20 llamadas perdidas de John, que hizo a lo largo
del día, la ultima estaba registrada a las 11:47 pm.
Decidí llamarlo,
pero cuando iba a marcarle tocaron la
puerta.
-
Ten estas, son las más pequeñas que encontré
–Michael había salido a buscar algo, no
me había dicho que y cuando llego traía dobladas un juego de pijamas
azul metálico, que al parecer eran suaves y cómodas, y las puso encima de la
cama-
-
Gracias pero no tenias que preocuparte, te dije
que podría dormir…
-
¿En jeans? –pregunto divertido, mirando los
jeans que estaban en uno de los muebles, y que Clarisse debió de dejar ahí una
vez que estuvieron secos- tal vez no sean muy cómodos-
-
O tal vez… -mire de reojo los jeans, dándome
cuenta que Michael tenía razón, y que no tenía otra opción que aceptar sus
pijamas-
-
¿Lo ves? No podrías dormir en jeans –se fue de
espalda a la cama y se estiró a todo dar-
-
Si, y tal vez estas sean como mínimo 5 o 6
tallas más grandes que la mía –agarre la pijama y la recosté de mi cuerpo
mirándome en el amplio espejo que estaba en frente de la cama, en el que me
arregle esa tarde, y me gire al ver a Michael, a través del espejo, de nuevo
sentado en la cama-
-
Tengo unas más grandes –su tono de voz era
travieso, como si me estuviera imaginando metida en una pijama unas 12 tallas
mas grandes-
-
Entonces supongo que será mejor que me quede con
esta –coloque la pijama en la cama y me senté al lado de Michael- Gracias por
este día, hacía mucho tiempo que no me divertía así –El me miro y antes de que
hablara yo continué- Michael, te pido que me disculpes, yo no debí hablarte de
esa manera. Hace rato, en el salón, se que intentabas ayudarme, y te respondí
mal. De verdad, me siento muy apenada por eso, y… Discúlpame, yo solo…
-
Alis tranquila –dijo tomando mis manos, me
hablaba con dulzura- Yo entiendo –cuando iba a decirle que realmente me
avergonzaba por mi conducta, me interrumpió- No tienes porque pedir disculpas,
tranquila.
-
Eres un Ángel, ¿Lo sabías? –le mire y él seguía
sosteniendo mis manos, mordiendo su labio, conteniendo una sonrisa- Gracias por
darme este día, muchas gracias –eche un vistazo a nuestras manos, y note lo
pequeñas que se veían mis manos dentro de las Michael, lo pequeño y cuadrado de
mis dedos frente a los largos y delicados dedos de él-
-
Por mi encantado, y gracias a ti por aceptar
venir –su tono de voz era amable y me sonrió ampliamente. No podría creer que
estuviera ahí, así, en su casa, en la casa de Michael y mucho menos que fuera a
dormir ahí. Me di cuenta que me había quedado mirándole fijamente, y me sentí
avergonzada y baje la mirada cuando él un poco incomodo y ruborizado se levanto
de la cama y unos segundos después estaba marchando hacia la puerta- Espero que te sientas cómoda, y duermas bien
–estaba agarrando el pomo de la puerta ya abierta, y mirándome- Hasta mañana
-
Hasta más tarde en realidad –levante mi teléfono
y le dije- ya es la 1:20 am
-
¡Vaya!, que rápido pasan las horas cuando est…
-se interrumpió bruscamente- cuando te diviertes, hasta más tarde entonces- después
de una última sonrisa giro y trancó la puerta.
Unos minutos más
tarde yo estaba en la cama, entre las sabanas y unas cuantas almohadas, y por
supuesto con la pijama de Michael que como ya sabía era unas cuantas tallas mas
grande, pero era cómoda, y mejor porque brindaba más calor.
Esa ropa olía a
él, a su perfume, un aroma dulzón y cálido, como una tarde de primavera.
Había tratado de
llamar a John, pero fracase, no contesto, así que decidí dormir y ya casi
serian las dos de la madrugada.
Apague la lámpara
que estaba al lado de mi cama y el cuarto se sumió en la negrura, cerré mis
ojos y deje que la oscuridad viniera por mí, dejándome caer en ella lentamente,
con los ojos y la sonrisa de Michael tatuados bajo mis parpados, y escuchando
aun las dulces carcajadas de él y de Mac.
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El capitulo está un poco largo, pero quise dejarselos así, considero que les debía bastante. Espero hayan disfrutado leyendo, como yo disfrute escribiendolo =D ... Besos ^^
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