martes, 21 de agosto de 2012

Capitulo 14

Amigas, Queridísimas lectoras:

Pido disculpas nuevamente por la tardanza, sé que he tenido el blog un poco abandonado, pero nunca olvidado. He estado ocupada, mi pc se habia dañado, la señal de mi internet era pésima, entre otras razones. Pero a pesar de eso he seguido escribiendo la web novela, y aqui les voy a dejar el siguiente capitulo. Les pido que me perdonen la tradanza. Disfruten el capitulo, espero sus opiniones acerca de este. Recuerden que ustedes son mi APOYO! Las AMO!


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Estaba ansiosa esperando la llegada de Michael. Desde que recordaba no había anhelado tanto algo como su llegada.

Esa mañana como siempre salí a recoger la correspondencia, los domingos dejaban revistas de cocinas muy  buenas, al abrir la puerta me encontré de frente con una figura que por fortuna ya conocía.

-          Michael –le dije con una sonrisa- Hola

-          Hola Alis, buen día –se acercó y me envolvió en un tierno abrazo-

-          Pasa –le dije al separarme de él-  Siéntate

-          Gracias, ¿Estás lista?

-          Sí, nos podemos ir cuando digas –Michael se quedó mirando mi atuendo que eran unos jeans, Una camisa de cuello y mangas un poco más abajo del codo, y unos zapatos altos- Creo que deberías llevarte algo más cómodo.

-          Está bien, espérame –dije mientras me levantaba- voy a cambiarme.

-          No –me detuvo- mejor te llevas aparte una ropa más cómoda.

-          Ok. Ahora vuelvo.

Estuvimos listos, y partimos a Neverland.

-          Hoy tendrás la bienvenida oficial a Neverland – me dijo con entusiasmo mientras nos adentrábamos a la casa-  Por eso te fui a buscar temprano.

Sí que había ido temprano, llegó a mi casa a las 7:15 am.

-          Como te prometí ayer, hoy conocerás a mis mascotas. Espérame aquí –me dijo mientras me dejaba en la cocina con Clarisse-

-          Hola Señora Clarisse –le dije dándole un beso y un abrazo- ¿Cómo esta?

-          Muy bien linda. Pero puedes llamarme por mi nombre, Clarisse, sólo Clarisse –me dijo con una tierna sonrisa-

-          Ok… Clarisse. Estas muy ocupada. ¿Acaso Michael desayuna todo esto? –le pregunte con una risita incrédula, era mucha comida, entre galletas, pastel, frutas, ensaladas-

-          No Alis –me respondió riendo- Michael me encargó hacer todo esto porque… él ya te lo dirá.

-          Clarisse… -le dije en forma de ruego, pero no me funcionó. De pronto sentí que alguien me jalaba un mechón de cabello, y escuche una risita en respuesta de mi sobresalto. Giré mi cabeza hasta ver a Michael, él sonrió y miro a su lado izquierdo.

-          Alis, él es Bubble –me dijo con una hermosa sonrisa-

-          Hola Bubble –le dije con una sonrisa y mirando a Michael asombrada. Bubble empezó a tirar de mi collar, lo que hacía acercarme más a Michael, el olor de su perfume era delicioso- Es hermoso –dije mirando a Michael fijamente, estábamos tan cerca que podía sentir su respiración-

-          Tiene curiosidad por tu collar –dijo Michael, bajando la mirada apenado, hasta las manos de Bubble-

-          ¿Puedo cargarlo? –Pregunte, mirando a Bubble, que sostenía en sus manos el dije de mi collar, en forma de corazón-

-          Claro –me dijo tomado a Bubble y pasándomelo con cuidado, como si fuera un delicado cristal-

Tomé a Bubble con una sonrisa, y él seguía tirando y observando con curiosidad mi collar, su pelaje era suave, y con la ropita que llevaba puesto se veía tan tierno, parecía un peluche.

-          ¿Qué tienes planeado para hoy Mike? –le pregunté acariciando suavemente la cabeza de  Bubble mientras nos dirigíamos al jardín, después de haber desayunado-

-          Darte la bienvenida oficial, ya te lo dije, conocerás también a un pequeño amigo –me decía mientras caminábamos por una pasarela, rodeada de altos arboles-

Sentados bajo la deliciosa sombra de aquel frondoso árbol y recibiendo los tibios rayos del sol matutino, jugábamos con Bubble, hacíamos bromas. Michael me contaba anécdotas de él con Bubble.

Luego de un tiempo de estar ahí Bubble comenzó a fatigarse, estaba inquieto, Michael dijo que seguramente tenía hambre, siempre reaccionaba así.
Nos fuimos a la cocina, y Michael le pidió a Clarisse que le diera de comer a Bubble, siempre lo hacia él pero esta vez dijo que teníamos que ir a ver a alguien,  ella asintió, y entre sonrisas y palabras lindas se lo llevó.

Desde la otra sala unos pasitos rápidos resonaban contra el piso, y se escuchaba una risita de niño.

Nosotros nos aproximamos hacia la sala, en donde Michael se adelantó con una sonrisa ante la presencia de un niño, un niño rubio de alegre sonrisa y mirada cautivadora.

-          Mac, que bueno que ya llegaste –le dijo Michael al niño mientras se arrodillaba para mirarlo mejor- Pensé que tardarías más.

-          ¿Tardarse? –dijo un hombre que estaba detrás de ellos- si en cuanto soltó el teléfono, ya estaba entrando al auto –las risas de ellos estallaron, sacándome una sonrisa mientras me recostaba del umbral de la puerta. Los hermosos ojitos del niño se posaron en mí cuando Michael  se levanto haciéndome señas para que me acercara.

-          Alis, él es Mac, mi gran amigo –dijo esbozando una perfecta sonrisa-

-          Hola pequeño, soy Alis –le dije mientras me colocaba a su altura para abrazarlo, pero el pequeño travieso me salto de improvisto con un fuerte abrazo, tan fuerte que me hizo perder el equilibrio, por lo que los dos nos caímos al tiempo que se escucho mi fuerte chillido y las risas de Michael y Mac.

-          Lo siento –me dijo el pequeño levantándose- ¿te lastimé?

-          Tranquilo pequeño –dije con una sonrisa tendiéndole mi mano a Michael que me ofrecía ayuda para levantarme- No pasó nada.

-          Mike, entonces hoy vamos a… -Michael le tapo la boca con su mano impidiéndole hablar más, por lo que el niño soltó tremendas carcajadas y quitó la mano de Michael-¡Ah! Ella no sabe nada… -señaló el niño alzando las cejas traviesamente-

-          No, no lo sabe –le susurró Michael al niño en tono de complicidad- Lo que ya sabes esta en el lugar de siempre –le murmuró al niño en forma de clave. El niño le sonrió travieso y corrió hacia el jardín-

-          ¿De qué le hablaste? ¿Qué estas tramando Michael?

-          Ya lo sabrás, acompáñame a decirle a Mac que comenzamos después de que te cambies –me tomó de la mano y caminamos hacia el jardín-

-          ¿Dónde está?  No lo veo por ningún lado –me detuve buscándolo con la mirada de frente y Michael se paro unos pasos más allá, y cuando se giró para verme, su expresión era de asombrado-

-          No Mac, aún no –grito haciéndole señas con las manos para que se detuviera-

Cuando pensé en voltear para ver que pasaba detrás de mí, sentí un golpe que me hizo trastabillar hacia adelante, y al instante sentí un frio terrible en mi espalda -¿Qué fue esto? –Dije en un suspiro tratando de respirar, quitando algunos mechones de cabellos empapados que tenía en la cara- Michael –grite al verme completamente empapada, y cuando alcé la mirada estaban él y Mac, muriendo de risa ante mi aspecto, y el niño sosteniendo aún una pequeña cubeta verde en su mano-

-          Bienvenida a Neverland –gritaron a unísono, riendo sin parar-

-          Esta es nuestra bienvenida –me dijo Mac- todo el que llegue a Neverland termina mojado, sin importar la ropa que lleves –el continuaba riendo y Michael también-

Yo seguía ahí parada, casi temblando de frio, el agua que me había lanzado el niño estaba realmente fría, Michael se acercó al niño y le dijo que aún faltaban cosas, y que empezaríamos luego. El pequeño asintió y salió corriendo.

-          Tengo frio –le dije cuando se acerco hasta mi-

-          Aun falta un tiempo, es mejor que te cambies. Ven –me tomo de la mano y entramos a la casa. Me llevo hasta un cuarto que era dos o tres veces más grande que el mío. Y yo que pensaba que mi cuarto tenía mucho espacio.

-          Es una habitación hermosa –el cuarto estaba divinamente decorado en tonos ocre, marfil y blanco. Me acerque hasta la ventana y tenía una vista hermosa del jardín- ¿De quién es esta habitación?

-          Es una habitación de huéspedes. ¿Te gusta? –me pregunto Michael mientras se acercaba a la ventana- tiene una vista hermosa, ¿No crees?

-          Si, realmente hermosa –dije embelesada con el paisaje.

-          Ahí están tus cosas –dijo señalando un sillón a unos cuantos metros más allá-   Cámbiate y nos vemos en la cocina- se dio la vuelta y luego de dirigirme una de sus deslumbrantes sonrisas desapareció detrás de la puerta-

Yo me quedé observando cada cosa, cada detalle de la habitación, y después de un tiempo me fui a cambiar.
Salí del cuarto, y baje, pero me fui por un pasillo, que yo no sabía hasta donde daba. Seguí caminando, aun sabiendo que no iba por la dirección correcta hacia la cocina, y me detuve frente a una gran puerta de madera. Cuando pensé en tocar, para saber si había alguien ahí, esta se abrió.

-          ¿Qué haces aquí? –Era Michael el que estaba ahí adentro-

-          Pues iba a la cocina y tomé un pasillo que me condujo hasta aqui, esta casa tiene muchos pasillos y salas, y bueno, me perdí –le dije en una risilla-

-          No importa –respondió el con una risilla- ven

Me tomo de la mano, y seguimos caminando hasta la cocina, no estaba muy lejos desde donde partimos.
En la cocina estaba Mac conversando con Clarisse.

-          ¿En donde estaban? –pregunto Mac, luego de darle un mordida a su manzana-

-          Alis se fue a cambiar –le dijo Michael-

-          Tenía frio –continué yo- debido a que alguien me empapó con agua muy fría

-          Tenía que hacerlo –dijo el pequeño, con un tono de obligación-

Todos nosotros estallamos de risa luego de lo que dijo Mac.

Decidimos ir a caminar los tres por el extenso jardín, la mañana estaba soleada, el aire era dulce, el canto de algunos pájaros alegraban el lugar y el vuelo de las mariposas de flor en flor daban la esencia exacta al lugar.

Yo caminaba a la par de Michael con las manos dentro de los bolsillos de mis jeans, mientras él iba despacio pero daba grandes zancadas, con sus manos entrelazadas y colocadas en su espalda. Algunas veces se giraba para mirarme a los ojos mientras seguía hablando y señalándome con gran entusiasmo cada una de las cosas que había en ese inmenso y hermoso jardín, el viento batía alguno de los rizos que acariciaban sus mejillas.

Después de un momento de estar caminando, me encontraba de frente con unas barras de metal, el lugar olía a paja y a humedad, un movimiento más allá de las barras de metal centró mi atención, había un caballo de color caoba, era hermoso, su pelaje era brillante, era si duda el corcel más bello que había podido ver.

Michael sonrió y se apoyo de la baranda
-          Es un caballo hermoso, algunas veces lo monto. ¿Te gusta Alis?

-          Si, es muy lindo. ¿Crees que puedo tocarlo? –le pregunte a Michael con voz queda-

-          Por supuesto que puedes –me dirigió una sonrisa, y tomó suavemente mi mano posándola en la brillante cabeza del animal-

Estuvimos ahí por un rato mas, Michael me siguió mostrado otras de sus mascotas, hasta que Mac le dijo a Mike que quería empezar a jugar a las guerras de agua.
Michael le revolvió los cabellos al pequeño y salimos de ahí, unos cuantos metros y habíamos llegado a una especie de pórtico que en frente se veía la piscina, y una parte del jardín.

-          Genial, ya está todo listo –Mac salió corriendo con un gran entusiasmo, y  nosotros los seguimos-

Ellos prepararon todo, en una mesa había pistolas de agua, y un poco más allá, en el suelo había cubetas, algunas llenas de agua y otras llenas de bombas con agua.

Michael y Mac reían, hablaban sobre cosas, seguramente recordando anécdotas y juegos anteriores.

Me dijeron que todo estaba listo y Michael tiró de mi, salimos corriendo hacia donde unos hombre un poco mayores que Mike habían puesto unas cuantas cubetas llenas de globos.
 El hermoso hombre de cabellos rizados tomó un globo y lo balanceo en su mano y empezó a decir:

-          Ok Mac, ya tu conoces las reglas, pero tu –dijo dirigiéndose a mí, con una voz traviesa- tu no las conoces. Básicamente se trata de mojar a los otros, y pues no hay reglas. Solo diviértete.
Al terminar la última palabra Michael estaba lanzándome el globo que tenía en la mano, y en una rápida reacción que tuve, la bomba estallo en mi brazo, el por supuesto salió corriendo mientras se carcajeaba.

La tarde transcurría, mientras nosotros estábamos completamente empapados, eso porque yo tuve que agarrar a Michael, ya que él no se dejaba mojar, trato de escaparse y entonces no caímos, el estaba encima de mí, Mac aprovechando la oportunidad para mojar a Mike llego con una cubeta de agua y nos la arrojo.
Michael tembló ante el frio que recorrió su espalda, unos de sus rizos empapados acariciaron mis mejillas, sonrojándome casi inmediatamente.
Al parecer no le importo estar completamente mojado, su boca se transformó en una amplia sonrisa, el estaba mirándome fijamente, me sorprendía lo cerca que estábamos pero él parecía ignorar eso, podía sentir su pecho agitándose en cada respiro.
Apoyo sus manos en la tierra, una a cada lado de mi cabeza, se estiro y con una mirada pícara me dijo
-          Tramposa – se levanto y me tendió una mano para ayudar a levantarme- ¿Estás bien?- Yo solo asentí, arreglándome la camisa que estaba completamente mojada, arrugada y odiosamente pegada a mi cuerpo.
Michael se dio la vuelta para ver a Mac
-           Eres un traidor Mac. Ya veras
Salió corriendo detrás de él, después de ir por unos globos, para explotarlos en su pequeño rival.

Por la posición del sol deduje que eran alrededor de las cinco de la tarde, Michael seguía corriendo detrás de Mac, solo que ahora llevaba en lugar de globos una pistola de agua, las favoritas de Michael, la escena era bastante divertida, Michael esquivando talentosamente los disparos de Mac, y Mac pues un poco mas empapado que Michael, sus carcajadas me hicieron sonreír, y fruncí el ceño al darme cuenta que corrían hacia mí, me fui echando hacia atrás, subiendo en un cumulo de tierra que había detrás de mí, en un pestañeo el pequeño estaba detrás de mi apuntando a Michael con la pistola por  mi lado derecho cambiando constantemente de posición para que Michael no lo mojara.

-          No, ya está bien, no quiero tener que ver en esto, no tienes porque mojarme – le dije a Michael que estaba divertidamente lanzando chorros de agua hacia mí, al parecer había dejado de importarle mojar a Mac para mojarme a mi- Mac, no me uses como escudo- trataba inútilmente de esquivar el agua que Michael me lanzaba interponiendo mis manos, pero el esfuerzo valía nada.

-          Ríndete Mac, no te servirá de nada estar ahí, en un momento derivare tu escudo, y voy a mojarte de igual manera- él seguía mojándome con unas animadas carcajadas-

-          Michael basta –le suplique pero parecía no escucharme, escuche a Mac detrás de mi espalda decir No puede ser me quedé sin carga, supuse que saldría corriendo a llenar la pistola o buscar otra cosa para atacar, lo que no me imaginé es lo que haría para distraer a Michael mientras Salía a buscar lo que necesitaba.

Sentí sus manos en mi espalda y me empujo lentamente hacia adelante, mientras yo luchaba por mantener el equilibrio ya que Mac me mecía de un lado a otro, en dirección a Michael, el pequeño escudándose aun en mi, vio por un momento la distancia que había entre Michael y yo, no mucho mayor a un metro.

-          Ayúdame Alis, por favor –Mac miro de mi hacia Michael repetidamente, y le grito a Mike- Atrápala – Michael frunció el ceño confundido, y en el segundo siguiente yo estaba yendo hacia Michael, en una reacción muy rápida por parte de Michael, tiro la pistola y me agarro tan fuertemente que perdió el equilibrio cuando mi peso impacto contra él, hubo un problema en sus pies, y yo había perdido por completo el sentido de equilibrio y caímos, pero de lo que no me había percatado es que cuando Mac se había ido acercando a Michael él había ido dando pasos hacia atrás, habíamos quedado muy cerca de la piscina, y fue exactamente ahí en donde caímos.

El agua no estaba precisamente tibia, por el contario estaba muy fría, sentía el peso del agua llevarme hacia abajo, al reaccionar me di cuenta que habíamos caído en la piscina que hacía unas horas yo había visto que estaba en frente del pórtico. Nadé hacia arriba y salí, intentando desesperadamente atrapar una bocanada de aire, no salí tan elegantemente como salió Michael en frente de mi, mi cabello estaba hecho triza, revuelto por toda mi cara y por el contrario el cabello de Michael caía ordenadamente en perfectos rizos como un dios saliendo del agua. Sacudió su cabeza para deshacerse del agua que tenía en sus cabellos, y después se dirigió a mí.

-          ¿Estás bien? –pregunto acercándose, mientras yo solo sentí, pensando aun en como podía ser tan prefecto, incluso al caer desprevenidamente en la piscina- Pensé que te habías ahogado o algo así; te escuche respirar desesperadamente-

-          Estoy bien, no pasa nada. No esperaba caer aquí, lo siento, yo te empujé…

-          No, tranquila, no fue tu culpa –se acercó hasta mi con un sonrisa, su mano capto mi atención al dirigirse a un mechón de mi cabello que estaba adherido a la piel de mi mejilla, retirándolo, lentamente bajo su mano hasta dar con la mía y me hizo una seña hasta las escaleras de las piscina- Vamos a salir, está haciendo frio- Una pequeña figura se detuvo en frente de nosotros.

-          ¡Y Mac ha ganado la batalla! -El pequeño tenía una gran sonrisa, y un aire victorioso- Lo planee todo Mike, vi la distancia que había entre nosotros y la piscina. Lo calcule todo, y mi plan dio resultado, sabía que no dejarías caer a Alis, así que aproveche eso. Esa fue mi estocada final, y te gane, quedaste completamente mojado-

-          Muy ingenioso de tu parte Mac- dijo Mike avanzando hacia la orilla, y yo iba detrás de él- si, asumo que ganaste, pero esta no será la última batalla, ya lo verás en la próxima-  se volvió hacia mí y me tendió su mano para ayudarme a salir-

-          No puedo creer que me usaras Mac –le dije al salir de la piscina - ¿que hubiera pasado si me hubiese caído?

-          No te preocupes, sabía que Mike no te dejaría caer. ¿Viste lo rápido que reaccionó? ¿Te diste cuenta como lanzo la pistola para atraparte? El nunca te dejaría caer, por nada del mundo, por eso lo hice, estaba seguro de lo que Michael haría, que sería atraparte –Mac siguió caminando unos cuantos pasos delante de nosotros.
Todo lo que había dicho tenía razón, aunque no me había fijado, Michael me atrapo inmediatamente, era obvio que no me iba a dejar caer. Lo que resultaba un poco incomodo era el modo en que Mac había dicho lo que dijo, que quería decir con El nunca te dejaría caer, por nada del mundo, había dado una entonación a la frase que hizo a Michael aclarar su garganta. Y el sonrió traviesamente dirigiendo su mirada de Michael a mí y viceversa, antes de proseguir con su explicación. 

-          Entremos a la casa, necesitamos cambiarnos, ya está cayendo la noche y comienza a hacer frio, es mejor que entremos antes de resfriarnos –le dije a Mike que caminaba a mi lado exprimiendo su camiseta aun mojada.

-          Si, tienes razón –soltó su camisa arrugada justo ahí en donde la había comprimido- Mac entremos, comienza a hacer frio.

Pasamos a la cocina en donde estaba Clarisse, aparentemente preparando la cena, la casa estaba caliente, excelente para calmar el frio que empezaba a hacer fuera, agradecí por eso, ya que comenzaban a entumecerse los dedos de mis pies.

-          Justo ahora estaba pensando en ir a buscarlos, ¿Tenian planeado quedarse toda la noche fuera? –Comentó Clarisse, agregado unas bolitas moradas en un bol-

-          Se nos fue el tiempo sin darnos cuenta –Michael estaba inclinado apoyado en el mesón que dividía la cocina- Es lo que pasa cuando te diviertes –poso su mirada en mi y su boca se transformó en una curva- ¿No es cierto Alis?

-          Si es cierto- Dije parándome al lado de él- ¿Qué estás preparando Clarisse? –la cocina olía a frambuesas y caramelo, y restos de algunas especias-

-          Es la cena, un menú especial –dijo sin dejar de mirar el bol y seguir batiendo- Es mejor que vayan a cambiarse para la cena, no falta mucho y ustedes están mojados, pueden coger un resfriado, y… -dejo el bol en la mesa y poso su mirada en Mac- tendrán que tomar ese delicioso té que yo preparo contra el resfriado –al terminar la frase, Mac cambio su expresión de divertida a completo horror y dejo sobre la mesa a medio comer un panecillo que agarro cuando entramos a la cocina.

-          Me voy a cambiar enseguida, no quiero volver a tomar ese horrible té en toda mi vida –sacudió sus manos y salió corriendo de la cocina, caminado cuando Michael le dijo que no corriera porque podía resbalar y sería peor.

-          Creo que a alguien no le gusta tu delicioso té Clarisse –le dije con una sonrisa cuando Mac abandonó la cocina-

-          Si supieras por qué salió corriendo, literalmente, de aquí –Michael se giró para mirarme de frente, y pude ver que estaba recordando algo muy divertido por la expresión que tenia-
Una vez –comenzó a contar Michael- no hace mucho tiempo, Mac y yo pasamos todo el día jugando a las guerras de agua, y después comenzó a llover, él insistió que nos quedáramos un rato en la lluvia, y aunque yo sabía que no debíamos, estuve de acuerdo en hacerlo solo un momento, cuando decidimos entrar el no quiso, así que solo le dije que no entrabamos, pero que nos quedaríamos solo un rato mas en el pórtico y no bajo la lluvia, a regañadientes estuvo de acuerdo, aunque hacia mucho frio. Le dije que era hora de entrar y aunque en principio se negó, luego entro. De ahí a unas cuantas horas tenía fiebre y estornudos, si, se había resfriado, no sabía que hacer o como decirles a sus padres que se había enfermado por mi culpa, sus padres no estaban en la ciudad y yo me había ofrecido a cuidarlo. Clarisse le preparo un te, y fue una completa batalla para que se lo tomara, no te imaginas como lloraba y daba vueltas en la cama intentando taparse la boca –Escuche una risita de su parte y también la de Clarisse- el dice que sabia asqueroso, y si era verdad porque me obligo a tomar un poco y solo así el se lo tomaría.

-          Aunque no puedes negar que le sentó muy bien, al otro día ya no tenía nada –comentó Clarisse, Michel asintió- Y es mejor que ustedes se vayan a cambiar si no quieren tomar también ese delicioso te -dijo con una sonrisa.

-          Clarisse sabes que aprecio todo lo que preparas, pero es mejor que me vaya a cambiar, ya sabes, es solo por prevención –dijo Michael entre risas- Vamos Alis –me tomo de la mano. Y susurro algo en mi oído- Créeme no querrás probarlo-

-          Mike, ¿tan mal sabe? Apuesto a que no has probado algo tan mal como –temblé ante el recuerdo de un jarabe que me había dado mi Nana Cindy- Ya no recuerdo como se llama, pero es algo verdaderamente asqueroso.

Reíamos mientras avanzábamos por unos pasillos, yo sentía en la casa eso que llama el calor de hogar, me hacía sentir cómoda, recordar esa casa en la que había crecido, junto con todo lo que quería. Me hundí en mis recuerdos.

-          Papá ¿Por qué mamá no está aquí? Ella me dijo que hoy cenaríamos juntos.
Estaba una niña de unos 6 años, sentada en una alta silla de un largo comedor, en un amplio salón con altas ventanas que a través de sus cristales dejaba entrar indiscretamente la luz del ocaso, creando sobras en los rincones del salón. En frente estaba un hombre de unos 35 años, de cabellos oscuro y ojos claros.

-          Ella seguramente está cansada –le dijo el hombre, tomando un liquido de una copa- Es mejor que empieces a comer pequeña, se enfriará la cena. Otro día tu madre comerá con nosotros.

-          ¿Cuándo? –protestó la niña- Siempre me dices lo mismo –moviendo su cabellera dorada-

-          Alisha, yo estoy aquí, contigo. Tu madre llego cansada y se tuvo que acostar.
La pequeña no dijo más nada, sólo le daba vueltas al contenido de su plato, apoyando su mejilla en una de sus manos. En su mirada había un halo de tristeza y soledad.

Ese recuerdo pasaba por mi mente como una película. La voz de Michael llamándome me hizo reaccionar, agitando un poco mi cabeza, para sacudir esos recuerdos que amenazaban ya con precipitarse todos de una vez.

-          ¿Alis estas escuchándome? ¿Estás bien? –Michael estaba tomándome por la muñeca, mirándome con preocupación.

-          Lo siento –no estaba mirándolo, realmente me sentía avergonzada- ¿Qué estabas diciéndome?

-          Nada, ve a cambiarte y te espero en el comedor –dijo soltándome, dirigiéndome una sonrisa-

-          Está bien, si no me pierdo en el camino. Ya sabes, como lo que pasó hoy.

-          Vendré a buscarte entonces –sonriendo se dio la vuelta, y camino hasta la puerta de una habitación a unos metros de donde estábamos- En unos 20  minutos ¿Está bien?

-          Si perfecto –dije mientras tomaba el pomo de la puerta y lo giraba-

La habitación estaba tenuemente iluminada por la luz que se filtraba por los ventanales descubiertos, creando sombras alrededor de los objetos, objetos que tomaron su forma cuando la luz de la lámpara iluminó completamente la habitación.

Tome un vestido de color verde hoja que había llevado cuando Michael me propuso llevar otra ropa. Luego de unos 20 minutos estaban tocando la puerta, me apresure en ajustar mis tacones y fui a abrir la puerta. En frente de mi estaba Michael, traía puesto un pantalón negro y sweater color naranja, sus rizos caían ordenadamente por sus hombros, y algunos delicadamente colocados en su frente.

-          ¿Lista? –Preguntó y su mirada recorrió discretamente todo mi cuerpo-

-          Sí, ya podemos bajar –Le dije cerrando la puerta detrás de mi-

-          Mac pasó hace un momento por mi habitación, supongo que debe estar en la cocina –dijo Michael, mientas avanzábamos por uno de los pasillos.

Llegamos y Mac estaba con Clarisse, sentado en una silla, en el comedor. Él nos estaba esperando para comenzar a comer.
Mientras comíamos Mac y Michael me contaban anécdotas, y el pequeño me explico por qué me había mojado cuando llegué al jardín. Me conto que siempre que alguien iba por primera vez a Neverland tenía que mojarse, sin importar la ropa que llevase,  era una Regla.
Seguimos conversando luego de que Clarisse trajera el postré, un delicioso pastel de frambuesas.

El pequeño comenzó a preguntarme cosas, en realidad él no me conocía, me había visto por primera vez hoy. Nos preguntó cómo nos habíamos conocido, y cómo fui yo a parar en Neverland. En realidad yo nunca me había preguntado que había estado haciendo Michael el día en que torpemente tropecé con él en aquel parque. Decidimos contarle cada uno por su parte, hasta que coincidimos en el parque.

-          Ese día cuando desperté me sentía un poco extraño –comenzó Michael- Bajé a  desayunar y le comenté a Clarisse lo que me pasaba. Ella me dijo que saliera a tomar aire, a caminar por el jardín, y eso fue lo que hice. Después de estar un tiempo por ahí, decidí que saldría a caminar a un parque por el que había pasado una vez con Alex. ¿Recuerdas Alis, el chico que te fue a buscar ayer? –hizo un paréntesis para decirme eso y siguió cuando yo asentí- Llegué ahí y como siempre estaba solo, comencé a caminar por una de las pasarelas, ese día el aire estaba muy frío. Me detuve a observar una paloma, era hermosa, completamente blanca, y me pregunté que estaría haciendo ahí, estaba parada sobre una rama sin hojas, no muy lejos de donde yo estaba. Unos cuantos segundos después, ella voló, por encima de mí, y cuando la iba a seguir con la mirada, di unos pasos atrás y… -miro a Mac y luego a mí, con una sonrisa que me dejo atónita por unos segundos que me parecieron eternos- Choque con Alis, ella casi se cae, pero la sostuve.

-          Es cierto, si no hubieras reaccionado tan rápido posiblemente me hubiese caído, o me hubiese lastimado el tobillo –le dije mirándolo agradecida por aquello-

-          Michael tiene reacciones muy rápidas –dijo Mac- Ya ves lo que paso esta tarde, te salvo por segunda vez.

-          Sí, pero terminamos los dos en la piscina –le dijo Michael, tomando un pedazo de su rebanada de pastel-

-          ¿Y contigo Alis? ¿Qué pasó ese día? –preguntó curioso Mac-

-          Ese mañana yo estaba  en mi casa, estaba sola, y no tenía nada que hacer –Yo les estaba contado eso un poco disfrazado, qué caso tenía que le contara a Mac lo que en realidad me había pasado, no quería convertir el momento en algo triste, así que empecé a contrales como había sido, pero de una manera objetiva, eso sería lo mejor- Decidí salir a caminar, el parque del que Michael estaba hablando queda relativamente cerca de mi casa, así que cada vez que puedo voy para allá. Como dice Michael el viento estaba muy fuerte y casi me empujaba hacia adelante, además tenía el cabello alborotado por toda mi cara y no podía ver bien. Observe no mucho una  silueta, pero pensé que no toparía con él, pero como dio unos pasos hacia atrás, chocamos.

-          Yo en realidad no te había visto –dijo Michael terminado con su pastel- De otro modo eso no hubiera pasado.

-          Pero entonces no se hubiesen conocido –Mac ya había terminado su pastel y estaba apoyado sobre la mesa, escuchando atento nuestro relato-

-          Tienes razón Mac –le dije con una sonrisa y dirigiendo mi mirada hacia Michael, que para mi sorpresa estaba sonrojado mordiendo en un gesto innato el labio inferior de su boca, jugando con una servilleta-

-          Quiero ir a ese parque –dijo Mac mirándonos con un brillo en su mirada- ¿Prometen que me llevaran?

-          Yo te llevaría encantada –le conteste al pequeño antes de dirigir mi mirada hacia Michael- ¿Qué dices Mike, nos acompañarías?

-          Si claro, pero debes preguntarle a tus padres Mac –contestó Michael- Si dicen que si, un día te llevaremos-

-          Genial –dijo con alegría.

Seguimos hablando de muchas otras cosas, luego Mac nos sugirió que viéramos una película, así que estuvimos de acuerdo en ir a la sala de cine, llevamos unos  jugos y unas palomitas de maíz y le dimos a Mac la oportunidad de escoger la película que quisiera.
El tiempo para mí no importaba en lo absoluto, cuando estaba con Michael podrían pasar años y a mí me seguirían pareciendo horas. Reíamos, hablábamos y nos lanzábamos palomitas en juego.
Cuando la película estaba por terminar Mac ya estaba bostezando de sueño, entramos a la casa y Michael le dijo que subiera a dormir, él se quedaría esa noche en Neverland.

-          Vamos Mac yo te llevo –le dije tomándolo de la mano-

-          Llévalo, por favor, puede caerse, está casi dormido –dijo Michael con una risita, por la cara de sueño que tenia Mac-

-          Puedo llegar hasta la habitación solo ¿Sabes? –le respondió Mac- Pero prefiero que ella me acompañe. Así estará conmigo y no contigo –Mac tiro de mi brazo, alejándome unos centímetros más de Michael-  

-          Ve a dormir niño, ya no sabes lo que dices –Michael evito mirarme, supuse que estaba sonrojado, aunque no sabía si era por el comentario de Mac-

-           Estaré en la cocina Alis –dijo Michael mientras pasaba por mi lado, dirigiéndose hacia uno de los pasillos-

-          Está bien, vuelvo mas ahorita -lo veía dirigirse al pasillo, con su paso lento y elegante-

La habitación en la que entre con Mac era muy amplia, había una alfombra con un juego, al parecer un rompecabezas desordenado ahí, también repisas llenas de juguetes, y la cama estaba ordenada cubierta por una cobija azul rey.

-          Es hora de dormir pequeño –lo ayude a subir a la cama, y puse la cobija hasta sus hombros-

-          Gracias por traerme –me sonrió y se acomodo debajo de las sabanas- Buenas noches

-          Descansa –le reacomode su hermoso dorado cabello- Buenas noches

Salí de la habitación y Mac no tardo nada en quedarse dormido. Avancé hasta la cocina y me encontré con Clarisse.

-          Alis –dijo dándose la vuelta hacia mi- ¿Mac ya se durmió?

-          Sí, estaba muy cansado –le dije en una risita, al recordar la cara que tenía el pequeño-

-          Michael estuvo hace un momento aquí y me dijo que habías ido con Mac

-          Si, quise ir con él, estaba que se dormía –Clarisse se sonrió y se detuvo en frente de mi- ¿Sabes dónde está Michael?

-          Me dijo que estaría en la sala principal, esperándote.

-          Iré a buscarlo. Me parece que ya es tarde, es hora de irme –le dije a Clarisse, mirando el reloj y percatándome de que eran la 10:40 de la noche-

Caminé hasta la sala principal, pero para mi sorpresa Michael no estaba ahí, seguí caminando  más, la sala estaba un poco oscura, la única luz emanaba de una lámpara ubicada en una esquina de la sala.
Había una luz proveniente de una habitación y que iluminaba el pasillo que daba hasta la puerta de ese cuarto. Seguí ese pasillo hasta encontrarme con una puerta medio abierta.

Al empujar la puerta, creí que la luz que salía hacia el pasillo provenía de una única lámpara ubicada en una mesa de frente al corredor, pero esta iluminaba débilmente, una ola de viento tibio choco contra mí, alcé la vista y divise  que había una chimenea en el fondo del cuarto, supe de inmediato que me encontraba en el salón que había entrado con Michael el día anterior.
Recorrí con la vista el salón y reconocí los muebles, los cojines en la moqueta, la pequeña mesa en medio de la alfombra, entre el mueble y la chimenea, el buro en una esquina con portarretratos que en los cristales se reflejaba el fuego de en frente opacando las fotos, las altas ventanas con una amplia base, unos centímetros sobre el suelo, y una figura ahí, sentada, con sus piernas enrolladas, observando a través de los cristales, como queriendo descubrir el más profundo secreto detrás de ellas.

-          ¿Michael? –El sonido de mi voz me sorprendió, había hablado tan bajito y frágil, quizá por miedo a romper aquel silencio, mi voz se desvaneció y no obtuve respuesta alguna, el único sonido provenía del débil repiquetear de mis tacones contra la moqueta mientras caminaba a la par del mueble, con cautela, deteniéndome al final de este.
-          ¿Michael? –Esta  vez le hable un poquito más fuerte, y me había ido acercando más. El se sobresalto y yo hice lo mismo instantáneamente. El se giró y su rostro a contra luz era hermoso, se marcaban sus pómulos, y la curvatura de sus pestañas era perfecta. –Lo siento, no quise asustarte –le dije uniendo mis manos en un gesto de disculpa, y respirando profundo para tranquilizarme-

-          Tranquila, es solo que no estaba escuchando. Mac, ¿Ya se durmió? –Se había levantado y estaba en frente de mi, mirándome fijamente, me empezaba a gustar que me mirara de esa manera-

-          Si, hace un rato –Noté que las llamas arrancaban de sus ojos unos destellos y su mirada tenía un brillo extraño, pero hermoso- ¿Estás bien?

-          ¿Recuerdas que te dije que por la noche tenía una vista estupenda? –Michael se giro hacia la ventana- Ven –me miró, sonrió y tendió su mano hacia mí. Yo sin decirle nada tome su mano, era cálida y suave. Al apretar su mano con la mía sentí un escalofrió desde la yema de mis dedos y recorrió mi espalda. Avanzamos hasta la base de la ventana- ¿Lo ves?

-          Es… -No sabía que palabra utilizar, no existía palabra para definir aquello, el jardín se veía infinito, los arboles formaban altas sombras, y al subir la vista, el cielo. El cielo estaba completamente despejado, sin una nube, dotado de millones de estrellas que titilaban como nunca antes las había visto hacerlo, eran mucho más brillantes, y un poco más arriba la luna, en fase menguante, una perfecta curvatura, acunando pensamientos y deseos para luego al estar llena de ellos realizarlos. Estaba tan plateada, nunca la había visto tan limpia y brillante. Habrían tantos posibles adjetivos para definir aquello, tantas palabras, pero yo sentía que  ninguno alcanzaría, ni siquiera   hermoso o perfecto- Michael esto es… es grandioso, único, espléndido, te juro que no encuentro palabra para precisarlo-

-          Lo sé –dijo él, con una voz que nunca le había oído, tan llena de dulzura, amor, nostalgia- Por eso sólo observo, y me lleno la vista de su belleza- Me gire al sentir su mirada cubriéndome, y en efecto el estaba mirándome, había dicho eso último mirándome. Sentí una corriente en la boca del estomago, y espontáneamente sonreí, sentí mis mejillas tensarse, desde hacía mucho tiempo no sonreía tan abiertamente como lo estaba haciendo ahora, él me respondió con una de esas sonrisas que deja sin aliento, y al segundo siguiente ya estaba sintiendo la sangre picar dentro de mis venas, precipitándose a mis mejillas, y sonrojada hasta la medula separe mi mirada de la de él, sintiendo mis mejillas tensadas aun por la sonrisa, pose la mirada en el jardín detrás de los cristales-

-          La luna esta  hermosa –dije rompiendo aquel silencio- Dicen que cuando esta así, en fase menguante es porque acuna deseos, luego se va llenando de ellos, y cuando está en fase llena es porque se ha colmado de deseos y luego los cumple.

-          ¿Eso es verdad?  -él y yo estábamos sentados en la base de la ventana, uno en cada esquina, en frente del otro-

-          ¿Tú lo crees? –le pregunté-

-          Si, lo creo –dijo observando la luna, el fuego de la chimenea creaba su perfecto reflejo en los  cristales de la ventana, el cual yo estaba viendo-

-          Entonces es verdad –le dije, mientras el volteaba a verme con una sonrisa, a la cual correspondí-

Nos quedamos ahí sentados por un rato, observando como pasaba la noche, el ambiente era agradable, el aire tibio que contrarrestaba el frio que desde que entramos a la casa hasta ahora había ido aumentando.

-          Cuando era pequeña –le comencé a contar a Michael-  me quedaba mirado la luna, hasta que mi padre venia a mi cuarto a decirme que era hora de dormir. El era un buen padre –Michael ahora estaba mirándome serio, prestando atención a lo yo comenzaba a contarle cuando él preguntó por mi padre- Mi madre no era muy cariñosa por decirlo de alguna manera,  siempre estaba ocupada con sus desfiles y esas cosas. La mayoría del tiempo lo pasaba fuera de casa, así que pocas veces estaba conmigo.

-          ¿No tienes hermanos me dijiste una vez? –pregunto Michael-

-          No exactamente –Nos habíamos sentado en la moqueta frente a la chimenea, para calmar un poco el frio- Yo quería tener hermanos, y mi padre tener otros hijos, pero mama no quería, recuerdo que siempre se disgustaba cuando yo lo mencionaba –llegó un recuerdo a mí, que como si se tratara de una película comencé a narrar-  Una tarde en la que iba por un pasillo camino a mi habitación los escuche hablando acerca de que mi madre no tendría más hijos, que ya había hecho mucho con tenerme a mí, que me había tenido solo por la presión de mi padre- No podía contener mis lagrimas al recordar eso- desde ese momento todo cambió para mi, al escuchar lo que dijo mi madre supe, o en realidad confirme que ella no me quería –estaba mirando fijamente el fuego en la chimenea- Desde que recuerdo siempre estuvo concentrada en sus fiestas, desfiles, fotografías, presentaciones; Nunca tenía tiempo para mí, yo siempre estaba con mi padre. La escuche decir en esa misma conversación que había arruinado su figura una vez por mi culpa, y que no lo haría otra vez, por un simple capricho de mi padre. No quise seguir escuchando, con eso me pareció suficiente, y me fui a mi cuarto, a pensar en todo lo que había escuchado, decidí no insistirle más a mi padre con querer tener un hermano, porque no quería que sufriera lo que yo estaba sufriendo, además que no le dije que había escuchado esa conversación –Sentí correr una lagrima caliente por mi mejilla, y me percate entonces que había comenzado a llorar, aunque mi voz era firme- Alguna vez te has preguntado Michael, que si nadie en el mundo entero se preocupa por ti, ¿Realmente existes? –lo mire al terminar esa frase, sentía mis mejillas empapadas de lagrimas, y aun así mi voz seguía siendo firme-

-          Existes Alis, tu no estás sola, yo estoy contigo - Michael estaba a mi lado, su brazo rosaba con el mío, me miro y dijo- Nunca más vuelvas a decir algo así, porque a partir de ahora, cuentas conmigo para lo que sea –busco mis manos que estaban apoyadas en mis rodillas y las unió a las de él-

Michael me miraba con una intensidad en sus oscuros ojos, que me perdí en ellos. Realmente decía la verdad, podía confiar mi vida a él. Me preguntaba en ese momento, mirándolo, cómo pudo el ganarse  tanto espacio en mi vida en tan poco tiempo.
Recordé a John, el había sido mi amigo por mucho tiempo, y aun así cuando lo conocí tardaron varios años para que yo pudiera confiar en él como lo hacía hasta ahora, pero en Michael había confiando el mismo día en el que lo conocí, aceptando encontrarme otra vez en el parque con él.

-          Y sí, me lo he preguntado  Alis, pero sé que no estoy solo, se que algún lugar alguien piensa en mí –el sostenía aun mis manos- Tu no estás sola, Alis, yo me preocupo por ti, y tu familia también-

-          ¿Mi familia? ¿Qué familia? –arranque mis manos de su agarre y me seque bruscamente las lagrimas-

-          No seas dura contigo misma

-          La vida es dura, Michael, la vida me ha dado cosas, sí, pero me ha quitado más –mi voz me sorprendía a mí misma, pero estaba tan molesta que no me importo-  Y será mejor que me vaya, ya es tarde –sin verlo me levante de la moqueta para salir del salón e irme a casa, pero un momento después algo me impidió seguir caminando y tarde un segundo en saber que era-

-          No te vayas… Quédate –Michael estaba detrás de mi sosteniéndome delicadamente por el antebrazo, me giré en redondo y lo mire fijamente-

-          Michael no creo que…- Sus ojos gritaban, esos hermosos y oscuros ojos rogaban un Si de mi parte-

-          Por favor…

-          No me mires así –su mirada estaba tan fija en mi, rogándome que le dijera un si- No podría negarme. Pero Michael, yo…

-          ¿Entonces te quedas? Por favor…

El cuarto a donde Michael me llevo era el mismo que había utilizado en la tarde para cambiarme, mis cosas seguían ahí, me senté en una esquina de la cama y me tire de espalda, comenzaba a sentir sueño y recordé que llevaba todavía los tacones y el vestido verde. Recordé también la actitud que había tomado al hablar con Michael sobre mi pasado, sabía que no tenía que haber reaccionado así, y me di cuenta que tenía que disculparme con él. Me levante a rebuscar en la ropa que había traído, algo cómodo para dormir, saque una camisa y mi teléfono rodo estrepitosamente por la moqueta. Cuando lo tome vi que eran la 1:05 am y lo que más me sorprendió fueron las 20 llamadas perdidas de John, que hizo a lo largo del día, la ultima estaba registrada a las 11:47 pm.
Decidí llamarlo, pero  cuando iba a marcarle tocaron la puerta.

-          Ten estas, son las más pequeñas que encontré –Michael había salido a buscar algo, no  me había dicho que y cuando llego traía dobladas un juego de pijamas azul metálico, que al parecer eran suaves y cómodas, y las puso encima de la cama-

-          Gracias pero no tenias que preocuparte, te dije que podría dormir…

-          ¿En jeans? –pregunto divertido, mirando los jeans que estaban en uno de los muebles, y que Clarisse debió de dejar ahí una vez que estuvieron secos- tal vez no sean muy cómodos-

-          O tal vez… -mire de reojo los jeans, dándome cuenta que Michael tenía razón, y que no tenía otra opción que aceptar sus pijamas-

-          ¿Lo ves? No podrías dormir en jeans –se fue de espalda a la cama y se estiró a todo dar-

-          Si, y tal vez estas sean como mínimo 5 o 6 tallas más grandes que la mía –agarre la pijama y la recosté de mi cuerpo mirándome en el amplio espejo que estaba en frente de la cama, en el que me arregle esa tarde, y me gire al ver a Michael, a través del espejo, de nuevo sentado en la cama-

-          Tengo unas más grandes –su tono de voz era travieso, como si me estuviera imaginando metida en una pijama unas 12 tallas mas grandes-

-          Entonces supongo que será mejor que me quede con esta –coloque la pijama en la cama y me senté al lado de Michael- Gracias por este día, hacía mucho tiempo que no me divertía así –El me miro y antes de que hablara yo continué- Michael, te pido que me disculpes, yo no debí hablarte de esa manera. Hace rato, en el salón, se que intentabas ayudarme, y te respondí mal. De verdad, me siento muy apenada por eso, y… Discúlpame, yo solo…

-          Alis tranquila –dijo tomando mis manos, me hablaba con dulzura- Yo entiendo –cuando iba a decirle que realmente me avergonzaba por mi conducta, me interrumpió- No tienes porque pedir disculpas, tranquila.

-          Eres un Ángel, ¿Lo sabías? –le mire y él seguía sosteniendo mis manos, mordiendo su labio, conteniendo una sonrisa- Gracias por darme este día, muchas gracias –eche un vistazo a nuestras manos, y note lo pequeñas que se veían mis manos dentro de las Michael, lo pequeño y cuadrado de mis dedos frente a los largos y delicados dedos de él-

-          Por mi encantado, y gracias a ti por aceptar venir –su tono de voz era amable y me sonrió ampliamente. No podría creer que estuviera ahí, así, en su casa, en la casa de Michael y mucho menos que fuera a dormir ahí. Me di cuenta que me había quedado mirándole fijamente, y me sentí avergonzada y baje la mirada cuando él un poco incomodo y ruborizado se levanto de la cama y unos segundos después estaba marchando hacia la puerta-  Espero que te sientas cómoda, y duermas bien –estaba agarrando el pomo de la puerta ya abierta, y mirándome- Hasta mañana

-          Hasta más tarde en realidad –levante mi teléfono y le dije- ya es la 1:20 am

-          ¡Vaya!, que rápido pasan las horas cuando est… -se interrumpió bruscamente- cuando te diviertes, hasta más tarde entonces- después de una última sonrisa giro y trancó la puerta.

Unos minutos más tarde yo estaba en la cama, entre las sabanas y unas cuantas almohadas, y por supuesto con la pijama de Michael que como ya sabía era unas cuantas tallas mas grande, pero era cómoda, y mejor porque brindaba más calor.
Esa ropa olía a él, a su perfume, un aroma dulzón y cálido, como una tarde de primavera.
Había tratado de llamar a John, pero fracase, no contesto, así que decidí dormir y ya casi serian las dos de la madrugada.
Apague la lámpara que estaba al lado de mi cama y el cuarto se sumió en la negrura, cerré mis ojos y deje que la oscuridad viniera por mí, dejándome caer en ella lentamente, con los ojos y la sonrisa de Michael tatuados bajo mis parpados, y escuchando aun las dulces carcajadas de él y de Mac. 


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El capitulo está un poco largo, pero quise dejarselos así, considero que les debía bastante. Espero hayan disfrutado leyendo, como yo  disfrute escribiendolo  =D ... Besos ^^

viernes, 23 de diciembre de 2011

Disculpas!!!

Amigas lectoras:

Ante todo, un gran abrazo... Gracias a las chicas que me han dejado sus comentarios...
Se que desde hace unos meses no he publicado el capitulo que corresponde, los problemas son:
En primer lugar, estoy viviendo en una nueva cuidad, en la cual la señal de Internet es PÉSIMA y por otra parte mi laptop se daño, y por supuesto ahí tenia mis capítulos.... Espero tenerla pronto de regreso, ya que la laptop esta en mantenimiento...
Sinceramente, pido disculpas por no haber publicado los siguientes capítulos, pero ustedes ya saben por qué...
Iba adelantada con los capítulos, y no puedo reescribirlos porque se que no quedarían igual, así que les pido por favor que me disculpen y esperen los siguientes capítulos.. Haré todo lo posible, pondré todo mi amor para que los próximos capítulos queden excelentes...
Muchas Gracias por todo!!
Las Quiero enormemente!!!!
Dios las Bendiga!!!
Besos
                                                                                                                                                         Lisbeth

viernes, 7 de octubre de 2011

Capitulo 13

Aquellos valles se veían hermosos, Michael me seguía hablando sobre su propiedad.
Luego de unos cuantos kilómetros, en frente de nosotros había un enorme portón, cruzados con unas delicadas letras que decían “Neverland”.

Me quedé atónita observando eso, Michael me miraba con una enorme sonrisa y una vez que se abrieron las enormes puertas le pidió al chofer detener el auto para nosotros bajar y caminar.

-          Bienvenida a Neverland –me dijo con una sonrisa y abriendo los brazos-

El aire era delicioso, el viento batía mi cabello de un lado a otro, el olor de aquel lugar era único, sentía como si hubiera magia ahí, de verdad eso era Neverland.

-          Mike, esto es único, es… Fantástico –le dije mirando todo el lugar-

Caminábamos por una pasarela, observando todo el paisaje, el cielo estaba totalmente despejado, y los pájaros alegremente cantaban.

Había grandes y frondosos árboles, un césped insuperable, flores hermosas.
Ese lugar era él, en cada espacio se sentía que Neverland era Michael, él estaba en cada árbol, en cada flor, vivía ahí, en cada centímetro de césped, en cada ráfaga de viento. En lo que yo había visto, eso era lo más parecido al paraíso.

Seguíamos caminando y Michael mostrándome a los lados cada árbol, y cada flor, además de unas pequeñas figuras de niños jugando, a unos cuantos metros más allá se veía la entrada principal de la casa.

-          Entremos a la casa, quiero que conozcas a alguien -me dijo tomándome de la mano y deleitándome con una de sus particulares sonrisas-

Me invitó a pasar, la casa estaba divinamente decorada, pasamos por unos pasillos, y me llevo a la cocina. La cocina tenía un estilo rustico y todo muy bien organizado, divida por un mesón con unas sillas altas a su alrededor.

Michael se acercó a una mujer que estaba ahí, ocupada en algunos alimentos, y ni siquiera se percató de que nosotros estábamos detrás de ella.

-          Clarisse –dijo Michael mientras se dirigía hacia ella, dejándome a mí parada un poco más atrás-

-          Michael, cariño, que bueno que has llegado –le respondió ella, y luego de dirigirle una sonrisa maternal, desvió su mirada hacia mí-


Ella era una mujer de piel blanca, con unos ojos hermosos. Tenía un aura de dulzura casi palpable, de un poco más de cincuenta años, años que se reflejaban en sus líneas de expresión. Llevaba puesto debajo de un delantal blanco un vestido sencillo color crema.

En la mirada y sonrisa que me dirigió se reflejó la gentileza de su ser, la ternura con la que me miró, era como la que una madre le envía a su pequeña al decirle te quiero.


Me sentí tan querida solo con ese gesto, que se me hizo imposible no recordar a mi Nana Cindy. Ella se acerco hasta nosotros dejando atrás sin preocupación lo que estaba haciendo.

-          Clarisse –le dijo Michael- ella es Alisha

-          Es un placer conocerla –le dije estirando mi mano hacia ella- Señora Clarisse  

-          Linda, es placer es todo mío –se acercó ignorando mi mano y envolviéndome en un cálido abrazo- Estaba ansiosa por conocerte –dijo al separarse de mi- Michael estuvo ayer hablándome de ti en toda la cena.

Yo solo sonreí y miré a Michael que estaba ruborizado hasta los huesos, con la mirada clavada en un punto de aquel embaldosado.

-          Michael, creo que es más linda de lo que me habías dicho –continuó diciendo Clarisse, en un inocente y dulce tono de voz- Sí, si lo es –dijo observando atenta mi cara.

-          Oh! Por favor –dije bajando la cabeza, ruborizada por completa ante el escudriño de su mirada- no es para tanto.

-          Dentro de poco estará lista la comida –le refirió a Michael, volviendo a su labor-

-          Gracias Clarisse, por ahora voy a mostrarle la casa a Alis –me tomó de la mano, y solo me dio tiempo de dirigirle a Clarisse una sonrisa, antes de desaparecer de la cocina.

Andábamos por uno de los pasillos, hasta entrar a una sala en donde había unos muebles forrados de un cuero marrón, detrás del cual había en una mesa una réplica del barco del Capitán Garfio, había muchos cuadros colgados en las paredes.
Michael me mostraba atentamente todo los objetos que tenía ahí, jarrones, pequeñas figuras, fotos de su familia, entre muchas cosas más.

Pasamos por un salón en los que había dos grandes sillones,  de un lado una gran ventana que permitía ver hacia un costado del jardín,  un poco más allá pasando unos cuantos escalones, estaba un salón parecido a una biblioteca, en donde había una gran cantidad de libros.

Unos cuantos metros más allá, estaba una puerta que conducía a otra sala decorada con unos muebles en tono marfil, y de un lado estaba una escalera, que daba al otro piso.

-          Subiendo estas escaleras –me dijo señalándolas- llegamos al segundo piso, en donde están las habitaciones.

-          Tu casa es bastante grande Mike –le dije mirando todo nuestro alrededor, de un lado me llamó la atención un salón en el que no habíamos entrados- Mike ¿Qué hay en ese salón?

-          Ven te mostraré –dijo halándome hacía allá- Este es el lugar de la casa en la que paso mayor tiempo.

Esa habitación tenía un par de muebles y en frente de estos una chimenea, un buró sobre el cual había varios retratos y encima de la alfombra unos cuantos cojines.
Una gran ventana con un marco bastante amplio, en el cual estaban colocados otros cojines.

-          Desde aquí veo el cielo –susurró Michael detrás de mí- el paisaje desde aquí se ve hermoso, ¿No crees? –yo sólo asentí, deslumbrada por aquel paisaje en tonalidades verdes-

-          Sí Mike –dije en un suspiro- Se ve hermoso

-          Creo que este salón, tiene una vista espectacular –dijo apoyándose del quicio de la ventana-

Disfrutábamos de un silencio, solo se escuchaban nuestros suspiros,  aquella habitación tenía como magia.
Una voz femenina sonando más allá, nos hizo sobresaltar.

-          La comida está servida –dijo Clarisse con una sonrisa apoyándose en el umbral de la puerta- sería bueno que vinieran ahora.

-          Claro, ya vamos –le respondió Michael con una sonrisa- Ven Alis vamos, aun nos quedan muchas cosas por hacer, y las horas se están pasando rapidísimo.

La tarde transcurría, mientras nosotros alegremente caminábamos entre aquellos frondosos árboles, Michael hablándome de aquella fastuosa propiedad.

-           Mike, en donde están los animales de los que me has habado –le pregunté curiosa-  quiero verlos.


-          Creo que eso tendrá que esperar –me dijo mientras nos sentábamos al pie de un árbol- Hoy no podrás verlos.

-          ¿Por qué? –él sonrió ante mi expresión de muchacha desilusionada-

-          Porque ellos merecen un cuidado médico –dijo mientras acomodaba unos rizos debajo de su sombrero- Y hoy los están atendiendo. Pero te prometo que mañana los verás

-          ¿Mañana? –pregunté incrédula, y  él sólo asintió- ¿Vendré mañana?

-          Sí, pasarás este fin de semana conmigo –me dijo tímido con una sonrisa-

-          Si me lo pides así, creo que no tengo otra opción –en ese momento estallaron un par de risas-

-          ¿Has tenido mascotas? –me preguntó Michael-

-          No Mike, mis padres nunca me dejaron tener una, aunque siempre quise tener un perro –le dije mientras miraba al frente, a unos cuantos metros de nosotros, un extenso y hermoso lago, que me hizo recordar el día aquel que Michael y yo lo pasamos juntos-

-          Recuerdo que cuando era pequeño tenia de mascota una rata –me dijo con una sonrisa y recordando algún hecho-  Alis, disculpa la pregunta y si no quieres no me contestes, pero ¿Cómo fue tu infancia? –él bajó la mirada por mi asombro ante esa pregunta, su expresión era de avergonzado y en ese instante odié mi incontrolable manera de reaccionar- Olvida mi pregunta, por favor –continuó diciéndome-

-          Mike, quiero contarte sobre mi… pasado –le susurré en un arranque de sinceridad-

-          No es necesario Alis

-          Quiero contártelo Mike –le dije llena de sinceridad- Nací en Inglaterra, pero mis padres son de aquí de L.A. –comencé a contarle mientras el tímidamente levantaba la mirada para ponerme atención-

-          Mi padre una vez me dijo que regresaron a L.A. cuando yo tenía dos años. Mi madre era modelo y él tenía el puesto de Vicepresidente en una empresa de la familia –continué diciéndole, suspirando recordando todo aquello y tomado fuerzas para seguir contándole- La casa en donde pasé mi niñez era hermosa, con un jardín inmenso, tenia centenares de muñecas y muchas otras cosas. ¿Pero de qué me servía todo aquello? –dije con una halo de ironía- No podía correr en el jardín descalza, no podía salta en los charcos al terminar de llover. Me recostaba en la ventana de mi habitación cuando llovía y veía como los niños de las otras casas se divertían en la lluvia, saltaban en los charcos despreocupadamente, simplemente disfrutaban de ser niños, sin ninguna otra preocupación. – mi ceño estaba fruncido y mis manos acariciando el fino césped, no miraba a Michael porque estaba segura de que si lo hacía estallaría en llanto, y no era eso lo que yo quería, ya  no quería llorar más-  No recuerdo mucho, pero creo que como a los 5 años mi madre le había encargado a alguien que me diera lecciones de piano, recuerdo que cuando aprendí a tocarlo se convirtió en mi único amigo, me perdía en él, era lo único que me ayudaba a escapar, aunque fuese en mi mente, de toda aquella realidad –Michael sólo me escuchaba atento-  Cuando tenía ocho años, mis padres se divorciaron, pero eso es otra historia. Quedaría así como mi niñez, parte dos –le dije eso ultimo con un toque de gracia, porque en realidad esa era la parte de mi vida que quería borrar, la más dolorosa quizás, y esa parte no estaba del todo terminada- Que te la contaré luego –le dije mirándolo con una sonrisa, para que no pareciera tan trágica-                                                                                                                                                                                                              
-          Entonces sabes tocar piano –me dijo asombrado- me encantaría escucharte alguna vez

-          Alguna vez me escucharás, te lo prometo –le dije con una sonrisa levantando mi mano derecha-

La tarde iba llegando su fin, mientras se acercaba la noche solo mirábamos las finas nubes de color anaranjado y rosado decorando el cielo, estaba el sol escondiéndose detrás de unos árboles, despidiéndose lentamente.

Los grillos empezaban su concierto a la noche y poco a poco fueron apareciendo las estrellas.

Nos acostamos en el césped viendo el cielo, juntando estrellas y formando figuras, aquello era completamente mágico.

Clarisse nos llamó y nos pidió que entráramos a cenar. Estuvimos con ella en la cocina durante un largo tiempo, hablado de gustos, comidas, bebidas. Michael le habló de mi destreza en la cocina, e hizo comprometerme en prepararles una comida algún día.

-          No te he mostrado aún el cuarto de juegos. Pero que despistado soy –dijo travieso posando una mano en su frente-

Antes que yo pudiera decir cualquier cosa, ya íbamos entrando a una sala con una infinidad de juego.

La expresión de alegría que tenía él al entrar ahí era única e indescriptible.
Me llevó hasta una maquina de PinBall y me propuso jugar, y que sólo por esa vez seria sin compromisos, sin retos para el perdedor.

Reíamos sin parar, aquello era realmente divertido, y por supuesto que ganó el. Se autoproclamo el Rey del PinBall, era notorio que pasaba bastante tiempo ahí.


-          Esto no es justo Michael –refuté- Hacías trampas, me estabas haciendo reír para desconcentrarme.

-          Eso no es cierto –dijo hecho nada en carcajadas- Acepta que soy el Rey del PinBall.

-          El Rey de las Trampas querrás decir –le señalé, riéndome a carcajadas por su expresión-

-          También me hiciste trampas –me dijo mientras no acercábamos a la cocina para buscar algo de tomar, estábamos secos de tanto reír- Acepta que perdiste –dijo ofreciéndome un vaso de jugo-

-          Quiero la revancha –le dije antes de darle un sorbo a mi jugo-

-          ¿Para qué?, Nunca podrás ganarme –dijo alzando las cejas en un gesto obvio-

-          Que egocéntrico eres –le dije al terminar mi vaso de jugo, recostada en el mesón de la cocina-

-          No soy egocéntrico –me refutó- Solo soy un excelente jugador.

Estallamos en risa nuevamente, carcajadas que resonaban en toda la sala.
Seguimos hablando de todo, hasta que apareció Clarisse y nos ofreció unas galletas, ella se fue a terminar algunas cosas que tenía que hacer; Michael y yo nos dirigimos al vestíbulo a continuar platicando, pero las horas no estaban de nuestro lado.

Notamos que eran ya las nueve y media de la noche, y pronto tenía que irme.

-          Mañana pasaré por ti temprano –me dijo entusiasmado-

-          Ok… Te esperé. ¿Me buscarás tú?

-          Claro que sí. No enviaré a alguien por ti.

-          Entonces creo que ya es hora de irme –dije en un suspiro-

-          Está bien, te llevaré a tu casa.

Recogí mis cosas, y partimos con el chofer a mi casa. En el camino, Michael me decía que había sido un día fantástico. Yo por supuesto le di las gracias por tan maravilloso día.
Luego de un tiempo llegamos a mi casa, Michael me acompaño hasta la puerta de mi apartamento.

-          Hasta mañana –le dije con una sonrisa-

-          Hasta mañana –me dijo esbozando una deslumbrante sonrisa, y se acerco depositando un beso en mi mejilla, y dándome un tierno abrazo- Descansa

-          Igualmente Mike, ¡Linda noche!

Se despidió de mí moviendo la mano, me quedé ahí parada viendo como su sonrisa desaparecía detrás de las puertas del asesor.

Esa noche salí al balcón entradas las once, agradecí a Dios mirando la luna por haberme dado la oportunidad de haber tenido ese día, nunca me cansaría de dar gracias al cielo por premiarme con la amistad de un ángel, por haber puesto a Michael en mi camino.