Aquellos valles se veían hermosos, Michael me seguía hablando sobre su propiedad.
Luego de unos cuantos kilómetros, en frente de nosotros había un enorme portón, cruzados con unas delicadas letras que decían “Neverland”.
Me quedé atónita observando eso, Michael me miraba con una enorme sonrisa y una vez que se abrieron las enormes puertas le pidió al chofer detener el auto para nosotros bajar y caminar.
- Bienvenida a Neverland –me dijo con una sonrisa y abriendo los brazos-
El aire era delicioso, el viento batía mi cabello de un lado a otro, el olor de aquel lugar era único, sentía como si hubiera magia ahí, de verdad eso era Neverland.
- Mike, esto es único, es… Fantástico –le dije mirando todo el lugar-
Caminábamos por una pasarela, observando todo el paisaje, el cielo estaba totalmente despejado, y los pájaros alegremente cantaban.
Había grandes y frondosos árboles, un césped insuperable, flores hermosas.
Ese lugar era él, en cada espacio se sentía que Neverland era Michael, él estaba en cada árbol, en cada flor, vivía ahí, en cada centímetro de césped, en cada ráfaga de viento. En lo que yo había visto, eso era lo más parecido al paraíso.
Seguíamos caminando y Michael mostrándome a los lados cada árbol, y cada flor, además de unas pequeñas figuras de niños jugando, a unos cuantos metros más allá se veía la entrada principal de la casa.
- Entremos a la casa, quiero que conozcas a alguien -me dijo tomándome de la mano y deleitándome con una de sus particulares sonrisas-
Me invitó a pasar, la casa estaba divinamente decorada, pasamos por unos pasillos, y me llevo a la cocina. La cocina tenía un estilo rustico y todo muy bien organizado, divida por un mesón con unas sillas altas a su alrededor.
Michael se acercó a una mujer que estaba ahí, ocupada en algunos alimentos, y ni siquiera se percató de que nosotros estábamos detrás de ella.
- Clarisse –dijo Michael mientras se dirigía hacia ella, dejándome a mí parada un poco más atrás-
- Michael, cariño, que bueno que has llegado –le respondió ella, y luego de dirigirle una sonrisa maternal, desvió su mirada hacia mí-
Ella era una mujer de piel blanca, con unos ojos hermosos. Tenía un aura de dulzura casi palpable, de un poco más de cincuenta años, años que se reflejaban en sus líneas de expresión. Llevaba puesto debajo de un delantal blanco un vestido sencillo color crema.
En la mirada y sonrisa que me dirigió se reflejó la gentileza de su ser, la ternura con la que me miró, era como la que una madre le envía a su pequeña al decirle te quiero.
Me sentí tan querida solo con ese gesto, que se me hizo imposible no recordar a mi Nana Cindy. Ella se acerco hasta nosotros dejando atrás sin preocupación lo que estaba haciendo.
- Clarisse –le dijo Michael- ella es Alisha
- Es un placer conocerla –le dije estirando mi mano hacia ella- Señora Clarisse
- Linda, es placer es todo mío –se acercó ignorando mi mano y envolviéndome en un cálido abrazo- Estaba ansiosa por conocerte –dijo al separarse de mi- Michael estuvo ayer hablándome de ti en toda la cena.
Yo solo sonreí y miré a Michael que estaba ruborizado hasta los huesos, con la mirada clavada en un punto de aquel embaldosado.
- Michael, creo que es más linda de lo que me habías dicho –continuó diciendo Clarisse, en un inocente y dulce tono de voz- Sí, si lo es –dijo observando atenta mi cara.
- Oh! Por favor –dije bajando la cabeza, ruborizada por completa ante el escudriño de su mirada- no es para tanto.
- Dentro de poco estará lista la comida –le refirió a Michael, volviendo a su labor-
- Gracias Clarisse, por ahora voy a mostrarle la casa a Alis –me tomó de la mano, y solo me dio tiempo de dirigirle a Clarisse una sonrisa, antes de desaparecer de la cocina.
Andábamos por uno de los pasillos, hasta entrar a una sala en donde había unos muebles forrados de un cuero marrón, detrás del cual había en una mesa una réplica del barco del Capitán Garfio, había muchos cuadros colgados en las paredes.
Michael me mostraba atentamente todo los objetos que tenía ahí, jarrones, pequeñas figuras, fotos de su familia, entre muchas cosas más.
Pasamos por un salón en los que había dos grandes sillones, de un lado una gran ventana que permitía ver hacia un costado del jardín, un poco más allá pasando unos cuantos escalones, estaba un salón parecido a una biblioteca, en donde había una gran cantidad de libros.
Unos cuantos metros más allá, estaba una puerta que conducía a otra sala decorada con unos muebles en tono marfil, y de un lado estaba una escalera, que daba al otro piso.
- Subiendo estas escaleras –me dijo señalándolas- llegamos al segundo piso, en donde están las habitaciones.
- Tu casa es bastante grande Mike –le dije mirando todo nuestro alrededor, de un lado me llamó la atención un salón en el que no habíamos entrados- Mike ¿Qué hay en ese salón?
- Ven te mostraré –dijo halándome hacía allá- Este es el lugar de la casa en la que paso mayor tiempo.
Esa habitación tenía un par de muebles y en frente de estos una chimenea, un buró sobre el cual había varios retratos y encima de la alfombra unos cuantos cojines.
Una gran ventana con un marco bastante amplio, en el cual estaban colocados otros cojines.
- Desde aquí veo el cielo –susurró Michael detrás de mí- el paisaje desde aquí se ve hermoso, ¿No crees? –yo sólo asentí, deslumbrada por aquel paisaje en tonalidades verdes-
- Sí Mike –dije en un suspiro- Se ve hermoso
- Creo que este salón, tiene una vista espectacular –dijo apoyándose del quicio de la ventana-
Disfrutábamos de un silencio, solo se escuchaban nuestros suspiros, aquella habitación tenía como magia.
Una voz femenina sonando más allá, nos hizo sobresaltar.
- La comida está servida –dijo Clarisse con una sonrisa apoyándose en el umbral de la puerta- sería bueno que vinieran ahora.
- Claro, ya vamos –le respondió Michael con una sonrisa- Ven Alis vamos, aun nos quedan muchas cosas por hacer, y las horas se están pasando rapidísimo.
La tarde transcurría, mientras nosotros alegremente caminábamos entre aquellos frondosos árboles, Michael hablándome de aquella fastuosa propiedad.
- Mike, en donde están los animales de los que me has habado –le pregunté curiosa- quiero verlos.
- Creo que eso tendrá que esperar –me dijo mientras nos sentábamos al pie de un árbol- Hoy no podrás verlos.
- ¿Por qué? –él sonrió ante mi expresión de muchacha desilusionada-
- Porque ellos merecen un cuidado médico –dijo mientras acomodaba unos rizos debajo de su sombrero- Y hoy los están atendiendo. Pero te prometo que mañana los verás
- ¿Mañana? –pregunté incrédula, y él sólo asintió- ¿Vendré mañana?
- Sí, pasarás este fin de semana conmigo –me dijo tímido con una sonrisa-
- Si me lo pides así, creo que no tengo otra opción –en ese momento estallaron un par de risas-
- ¿Has tenido mascotas? –me preguntó Michael-
- No Mike, mis padres nunca me dejaron tener una, aunque siempre quise tener un perro –le dije mientras miraba al frente, a unos cuantos metros de nosotros, un extenso y hermoso lago, que me hizo recordar el día aquel que Michael y yo lo pasamos juntos-
- Recuerdo que cuando era pequeño tenia de mascota una rata –me dijo con una sonrisa y recordando algún hecho- Alis, disculpa la pregunta y si no quieres no me contestes, pero ¿Cómo fue tu infancia? –él bajó la mirada por mi asombro ante esa pregunta, su expresión era de avergonzado y en ese instante odié mi incontrolable manera de reaccionar- Olvida mi pregunta, por favor –continuó diciéndome-
- Mike, quiero contarte sobre mi… pasado –le susurré en un arranque de sinceridad-
- No es necesario Alis
- Quiero contártelo Mike –le dije llena de sinceridad- Nací en Inglaterra, pero mis padres son de aquí de L.A. –comencé a contarle mientras el tímidamente levantaba la mirada para ponerme atención-
- Mi padre una vez me dijo que regresaron a L.A. cuando yo tenía dos años. Mi madre era modelo y él tenía el puesto de Vicepresidente en una empresa de la familia –continué diciéndole, suspirando recordando todo aquello y tomado fuerzas para seguir contándole- La casa en donde pasé mi niñez era hermosa, con un jardín inmenso, tenia centenares de muñecas y muchas otras cosas. ¿Pero de qué me servía todo aquello? –dije con una halo de ironía- No podía correr en el jardín descalza, no podía salta en los charcos al terminar de llover. Me recostaba en la ventana de mi habitación cuando llovía y veía como los niños de las otras casas se divertían en la lluvia, saltaban en los charcos despreocupadamente, simplemente disfrutaban de ser niños, sin ninguna otra preocupación. – mi ceño estaba fruncido y mis manos acariciando el fino césped, no miraba a Michael porque estaba segura de que si lo hacía estallaría en llanto, y no era eso lo que yo quería, ya no quería llorar más- No recuerdo mucho, pero creo que como a los 5 años mi madre le había encargado a alguien que me diera lecciones de piano, recuerdo que cuando aprendí a tocarlo se convirtió en mi único amigo, me perdía en él, era lo único que me ayudaba a escapar, aunque fuese en mi mente, de toda aquella realidad –Michael sólo me escuchaba atento- Cuando tenía ocho años, mis padres se divorciaron, pero eso es otra historia. Quedaría así como mi niñez, parte dos –le dije eso ultimo con un toque de gracia, porque en realidad esa era la parte de mi vida que quería borrar, la más dolorosa quizás, y esa parte no estaba del todo terminada- Que te la contaré luego –le dije mirándolo con una sonrisa, para que no pareciera tan trágica-
- Entonces sabes tocar piano –me dijo asombrado- me encantaría escucharte alguna vez
- Alguna vez me escucharás, te lo prometo –le dije con una sonrisa levantando mi mano derecha-
La tarde iba llegando su fin, mientras se acercaba la noche solo mirábamos las finas nubes de color anaranjado y rosado decorando el cielo, estaba el sol escondiéndose detrás de unos árboles, despidiéndose lentamente.
Los grillos empezaban su concierto a la noche y poco a poco fueron apareciendo las estrellas.
Nos acostamos en el césped viendo el cielo, juntando estrellas y formando figuras, aquello era completamente mágico.
Clarisse nos llamó y nos pidió que entráramos a cenar. Estuvimos con ella en la cocina durante un largo tiempo, hablado de gustos, comidas, bebidas. Michael le habló de mi destreza en la cocina, e hizo comprometerme en prepararles una comida algún día.
- No te he mostrado aún el cuarto de juegos. Pero que despistado soy –dijo travieso posando una mano en su frente-
Antes que yo pudiera decir cualquier cosa, ya íbamos entrando a una sala con una infinidad de juego.
La expresión de alegría que tenía él al entrar ahí era única e indescriptible.
Me llevó hasta una maquina de PinBall y me propuso jugar, y que sólo por esa vez seria sin compromisos, sin retos para el perdedor.
Reíamos sin parar, aquello era realmente divertido, y por supuesto que ganó el. Se autoproclamo el Rey del PinBall, era notorio que pasaba bastante tiempo ahí.
- Esto no es justo Michael –refuté- Hacías trampas, me estabas haciendo reír para desconcentrarme.
- Eso no es cierto –dijo hecho nada en carcajadas- Acepta que soy el Rey del PinBall.
- El Rey de las Trampas querrás decir –le señalé, riéndome a carcajadas por su expresión-
- También me hiciste trampas –me dijo mientras no acercábamos a la cocina para buscar algo de tomar, estábamos secos de tanto reír- Acepta que perdiste –dijo ofreciéndome un vaso de jugo-
- Quiero la revancha –le dije antes de darle un sorbo a mi jugo-
- ¿Para qué?, Nunca podrás ganarme –dijo alzando las cejas en un gesto obvio-
- Que egocéntrico eres –le dije al terminar mi vaso de jugo, recostada en el mesón de la cocina-
- No soy egocéntrico –me refutó- Solo soy un excelente jugador.
Estallamos en risa nuevamente, carcajadas que resonaban en toda la sala.
Seguimos hablando de todo, hasta que apareció Clarisse y nos ofreció unas galletas, ella se fue a terminar algunas cosas que tenía que hacer; Michael y yo nos dirigimos al vestíbulo a continuar platicando, pero las horas no estaban de nuestro lado.
Notamos que eran ya las nueve y media de la noche, y pronto tenía que irme.
- Mañana pasaré por ti temprano –me dijo entusiasmado-
- Ok… Te esperé. ¿Me buscarás tú?
- Claro que sí. No enviaré a alguien por ti.
- Entonces creo que ya es hora de irme –dije en un suspiro-
- Está bien, te llevaré a tu casa.
Recogí mis cosas, y partimos con el chofer a mi casa. En el camino, Michael me decía que había sido un día fantástico. Yo por supuesto le di las gracias por tan maravilloso día.
Luego de un tiempo llegamos a mi casa, Michael me acompaño hasta la puerta de mi apartamento.
- Hasta mañana –le dije con una sonrisa-
- Hasta mañana –me dijo esbozando una deslumbrante sonrisa, y se acerco depositando un beso en mi mejilla, y dándome un tierno abrazo- Descansa
- Igualmente Mike, ¡Linda noche!
Se despidió de mí moviendo la mano, me quedé ahí parada viendo como su sonrisa desaparecía detrás de las puertas del asesor.
Esa noche salí al balcón entradas las once, agradecí a Dios mirando la luna por haberme dado la oportunidad de haber tenido ese día, nunca me cansaría de dar gracias al cielo por premiarme con la amistad de un ángel, por haber puesto a Michael en mi camino.
Hola! nueva lectora
ResponderEliminarempece a leer hoy tu nove
y me ha encantado!
tienes un gran talento ^^
me gusta la forma en como relatas cada cosa, en especial esos momentos alegres entre Michael y Alis.
Adoro como describes a Michael, y el pasado de Alis me tiene aun intrigada :S
Este capi me ha hecho reir bastante xD
Espero con ansias el proximo
Saludos :)
Hola Gipsy!...
ResponderEliminarLinda muchas gracias por tu comentario!!
Me alegra que te guste mi novela, la hago con mucho amor!!
Espero pronto publicar el siguiente capitulo..
Saludos, Dios te Bendiga... Besos!!!