- Michael ¿A dónde me llevas? –pregunte preocupada-
- Cálmate ¿quieres?!! –me dijo con una risilla-
- ¿Sabes por donde vas, verdad?
- Si claro que si, no nos vamos a perder, tranquila
- Ok!
Seguí observando por la ventana, tratando de grabarme todo el camino, quería hacer como Hansel y Gretel, pero esta vez sin migajas de pan, si nos perdíamos tendría que recordar por los menos tres de esos árboles para tomarlos como punto de referencia.
Habían pasado como 6 minutos y Michael detuvo el auto, observé que había una fila de árboles que impedían ver más allá de ellos.
- Listo, llegamos –dijo observándome con una sonrisa-
- Y ¿esto es?, ¿en donde estamos?, solo veo un montón de árboles iguales.
- Ya verás –salió del auto y abrió mi puerta-
- Que delicioso aire se respira aquí –dije inhalando a todo pulmón-
- Si, tienes que colocarte esto –dijo mostrándome un delicado pañuelo rosa, y colocándose detrás de mí- en los ojos.
- Pero, ¿para que? –dije mientras veía el pañuelo rosa acercándose a mis ojos, y tapándome la visión por completo-
- No hagas trampas, no veas, es una sorpresa –susurró en mi oído y entrelazo su manos con la mía.
Al sentir su cálida mano rozando con la mía, suspire y sentí algo que nunca antes había sentido, era como mariposas revoloteando en mi estomago, en todo mi cuerpo, y al sentir su mano tomar mi cintura y empujarme suavemente para caminar hacia adelante, sentí que estaba siendo guiada al paraíso, en donde todo seria felicidad, era guiada al camino que siempre había querido recorrer y que nadie me había ofrecido, hasta que llegó Michael y supe que él era mi camino, mi camino hacia la felicidad.
Nos detuvimos, y una deliciosa brisa chocaba con mi cara, yo respiraba a todo pulmón, quería impregnarme de ese olor, de esa sensación de paz que ahí se sentía, Michael aparto de mi el pequeño pañuelo, y ví lo más hermoso que nunca antes había visto, me quedé pasmada, atónita, al observar tan hermosa creación de la naturaleza, sin lugar a duda ese sería un gran día.
Me volví para ver a Mike y entonces aquel lugar perdió su belleza, frente a esa hermosísima sonrisa que me regaló, y sus oscuros ojos llenos de ese brillo tan único, el brillo de su piel ante los tibios rayos de sol matutino era algo hermoso.
Era un paisaje dotado de hermosura, estaban frente a mí dos perfectas creaciones de la naturaleza, una mirándome fijamente y con una deslumbrante sonrisa, y otra ofreciéndome y arropándome en una paz y en un fresco aire. Único, aquello era perfectamente único.
Creí por un momento que todo eso era un sueño, no podía creer lo que veía, pero un sueño no podía ser tan perfecto como eso. Sonreí ante aquella belleza, era como la tierra prometida, esa en donde no existía dolor, ni tristezas, quería quedarme ahí para toda mi vida, con el ángel que me había llevado por ese camino, hasta esa infinita belleza que se extendía frente a mis ojos.
Nunca en mi vida había visto algo parecido, nunca pensé que en esta tierra podía haber algo tan hermoso como lo que yo estaba viendo.
Solo sonreí al ver tanta belleza, no encontraba palabras para describirlo, no existían palabras para expresar lo que sentía al ver ese hermoso paisaje.
Michael mirándome fijamente y con una sonrisa espléndida me pregunto que tal me parecía todo, yo sin poder responderle le sonreí y me lancé a sus brazos abrazándolo fuerte, necesitaba agradecerle por llevarme a ese lugar además porque también sentía la necesidad de saber si él era real, si estaba ahí junto a mí, o era una jugada de mi imaginación. Pronto supe que no, que todo eso era real, tan real como el abrazo mágico que Michael me devolvía.
Pensé que un gracias se quedaría corto, y que un esto es maravilloso muchas gracias no sería suficiente, no sabía que decirle, solo podía abrazarlo para hacerle sentir lo agradecida y feliz que me sentía estando allí.
- ¿te gusta?, dime algo alis –me dijo separándose de mí y observándome fijamente-
- Michael esto es… es único… es hermoso… perfecto…increíble… no encuentro la palabra exacta para describir lo que es… Me encanta, mucho más que eso… -le dije sonriéndole-
Michael sonrió y me abrazo, al parecer mi expresión le había dicho todo lo que en palabras no podía expresar, le susurre un gracias, al cual respondió que no tenía que agradecer, pues para él era todo un gusto.
Me separé de él y giré mi vista hacia el hermoso lago que se dibujaba ahí, su intenso color azul, y unos destellos violetas que se formaban con la luz del sol, estaba rodeado de una empinada colina, en tonalidades verdes, y desde donde nos encontrábamos la vista que tenia era hermosa, seguí observando a mi alrededor y ví a un lado un gran y hermoso roble, la grama verde viviendo ahí debajo de nuestros pies, y de un lado en la otra colina, un hermoso color aparecía, se ligaba el verde de los arboles con los amarrillos rayos del sol en frente.
El aire que se respiraba era delicioso, chocaba de lleno contra mí y arrancaba toda tristeza, dolor y herida, para después dejar esa sensación de paz.
El hermoso canto de la naturaleza ahí presente en ese momento, era una composición prodigiosa, el viento batía las hojas de los inmensos árboles y entonces danzaban a su ritmo, los pájaros cantaban hermosas melodías, y las mariposas alegres revoloteaban y posaban de flor en flor, hablándole a cada una sobre lo hermoso que estaba el día.
- Esto es único, perfecto –dije en un profundo suspiro, y con una gran sonrisa- Michael sé que un gracias no es suficiente, pero no se que mas decir. Gracias –dije regalándole una gran sonrisa-
- ¿Bromeas? Ese gracias con esa sonrisa, me alcanza para toda la vida. –dijo en una pequeña carcajada y una brillante sonrisa-
- ¿Como crees? –dije y solté una carcajada. Para luego volver a ver el hermoso paisaje-
- Sr. Jackson, todo está listo –dijo un joven, al parecer un mesonero-
- Muchas gracias –dijo Michael atentamente-
- ¿Michael qué está listo? –pregunte curiosa-
- Ven para que veas –dijo tirando de mi mano-
Michael me conducía y habíamos caminado unos 5 metros, cuando divisé una mesa, forrada con un mantel blanco que el viento batía de un lado a otro, un hermoso centro de mesa la decoraba, también veía dos sillas.
Cuando llegamos a la mesa observe dos platos servidos, dos copas con jugo de naranja, y dos copas con agua, también unos tenedores y unas cucharas, todo elegantemente organizado.
- ¿Y esto? –pregunte asombrada-
- Desayunaremos aquí –me dijo, deslizando la silla e indicando que me sentara-
- Gracias –dije observando las sillas, pues estaban posicionadas verticalmente y considerablemente cerca-
- Ordené que colocaran las sillas así, para desayunar mirando el hermoso paisaje. –dijo tímidamente, mientras se sentaba- espero que no te moleste.
- No Mike, claro que no me molesta, me parece una idea genial -dije sonriéndole y mirando en frente el hermoso lago, no había notado que desde ese ángulo se veía mucho más hermoso-
- Y, ¿Qué te parece, superó esto a tu acostumbrado desayuno? –me pregunto con una hermosa sonrisa-
- Por supuesto –dije tras una carcajada-
- Genial, entonces cumplí mi objetivo, por lo menos en esta parte.
- ¿Qué no era esta la sorpresa? –dije algo confundida-
- Esta es una de las sorpresas, aun faltan mas, Alis te aseguro que hoy haré lo imposible por regalarte un lindo día –me dijo con una sonrisa-
- Michael, que intriga. ¿por qué eres así? Vamos dime.
- ¿Qué? No te diré nada mas, además ya se me fue algo en lo que te dije anteriormente. Y deja de preguntar. A comer –dijo señalando con su dedo índice el plato-
- Pero Mike… -el negó con la cabeza, y empezó a comer-
El desayuno estaba riquísimo, la brisa era fresca y jugaba con los risos de Mike, haciendo que de vez en cuando el hiciera movimientos con la cabeza para apartarse algunos rizos de su cara, se veía tan bello al hacer eso, que me quedé como una tonta mirándolo, él se dio cuenta, y yo aparte la vista torpemente ruborizándome de pies a cabeza.
- Alis ¿pasa algo? –pregunto con una risilla, al verme sonrojada-
- No, no pasa nada –dije con la cabeza baja-
- Ya termine mi desayuno –dije cambiando de tema- estaba riquísimo.
- Si, pero… -miró hacia un lado, detrás de mí, intente voltearme, pero él en un rapidísimo movimiento se detuvo detrás de mí y tapo mis ojos con sus delicadas manos- No mires, es otra sorpresa –susurro cerca de mi oído-
- Ok, no haré trampas –dije en una risilla-
Michael separó, lentamente sus manos de mis ojos, y al abrirlos lo primero que ví fue un pastel, estaba sobre la mesa. Era de color blanco, con un lazo azul hecho de azúcar y los listones caían sobre el pastel, había un escrito que sobresalía y estaba en forma de arco que decía Feliz Cumpleaños Alisha. Me quede asombrada mirado fijamente el pastel y observando cada detalle de este.
- Michael ¿Qué es esto? –dije sorprendida-
- Es tu pastel de cumpleaños alis –dijo dando un saltito y señalando el pastel con sus manos-¿te gusta?, sé que ya pasó, hace un par de semanas, pero quiero que sepas que no lo olvidé y que este es tu regalo de cumpleaños.
- Michael, estoy realmente sorprendida, este es el mejor regalo que me han hecho en toda mi vida, y no lo digo porque me trajiste a este lugar tan hermoso, sino porque sé que me lo das con todo el cariño del mundo, y quiero decirte que aunque me hubieses dado un pedazo de roca la acepto con todo mi corazón, porque sé que me la darías con todo tu cariño. Sin embargo no tenias por qué hacerlo –dije sonriendo- aunque gracias por recordar mi cumpleaños. –lo abracé con todas mis fuerzas-
- Entonces ¿te gusta? –dijo mordiendo su labio inferior-
- Pero que preguntas, por supuesto que me gusta, el pastel esta hermosísimo, gracias, muchísimas gracias. –le dije con una sonrisa-
Michael me abrazó, y luego partimos el pastel, estaba riquísimo, terminamos de comer, y fuimos a caminar, la mañana estaba lindísima, los pájaros alegremente cantaban, divisé unas banquetas y le pedí a Mike que fuéramos para allá, me llamo la atención un pequeño campo de flores que estaba detrás de la banqueta, cuando llegamos entre risas y pequeños saltos observe que habían unas cuantas mariposas alegremente revoloteando.
- Mira a esas mariposas Mike, están lindas –le dije con gran entusiasmo-
- Si que lindas –dijo y nos sentamos-
- Mike, este lugar es hermoso, se respira tanta paz –dije tras un suspiro-
- Hace un tiempo vine para acá, y me quede enamorado de este lugar, es único, quisiera quedarme aquí por siempre, salirme de la ciudad, de ese espacio lleno de tantos contaminantes.
- Tienes razón, me encantaría vivir en un lugar así, mira los arboles son tan altos, parece que si los escalas llegaras al cielo –dije señalándolos, en mi mano extendida se poso una mariposa color amarillo, con destellos lila- oh! Que linda –dije observándola-
- Si que linda –dijo en una risilla- cree que eres una flor, y cree bien –dijo observándome con su mirada tan única, llena de ese brillo tan magnífico-
- Mike –dije soltando una carcajada, y ruborizándome por completo. Me quede observándola detenidamente hasta que voló, a posarse en una flor- nunca antes se había posado en mi una mariposa, ¿por qué lo hizo? –dije en una risilla-
- Seguramente porque eres muy dulce –dijo regalándome una sonrisa, y notando mi sonrojo-
- Si es por eso, entonces debió de posase en ti, ¿no crees? , tu si eres realmente dulce –le dije mirándolo fijamente-
- Que cosas dices –dijo bajando la cara para que no lo viera sonrojarse, aunque ya era demasiado tarde-
Aparte la mirada y me quede observando las flores, a la vez que suspiraba, la mano de Michael llamo mi atención, desprendió una de las hermosas flores que estaban ahí, se quedó observándome fijamente mientras posaba un beso en ella, y luego me la entregó, yo la tomé dudosa, no sabía como reaccionar.
- Que lindo eres –le dije mirándolo fijamente y sonriendo-
- Tu eres linda –dijo tomando mi mentón, mientras mordía su labio inferior y me miraba fijamente-
En ese momento sentía tantas cosas, sensaciones que nunca antes había experimentado, Michael con su sola presencia cambiaba todo, empezaba a gustarme cuando se quedaba mirándome de esa manera, nada tenía importancia, todo era nada cuando él estaba frente a mí. Podrían pasar siglos y yo seguiría ahí, anclada a su mirada, y colgada a su sonrisa.