- Alis aquí estas, te he estado buscando… –paró de hablar, mire rápidamente y era John-
Se detuvo justo en frente de nosotros, y su mirada se centro en nuestras manos, aun entrelazadas, nos miro muy confundido, miraba a Mike, me miraba a mí y miraba nuestras manos. Yo entendí lo que pensaba John así que me levante y separe mis manos de las de Michael. Michael se levanto al mismo tiempo, y los dos me miraron confundidos.
- Michael él es Johnny, un amigo –dije en forma de aclaratoria, no sé porque me importaba que Michael supiera que John era mi amigo solo eso y nada más.
- John él es… -John me interrumpió-
- Sé quien es alis –dijo muy seriamente- un gusto en conocerte –dijo dándole un apretón de manos a Michael- alis ven te voy a llevar a tu casa –dijo tomándome de la mano y colocándome a su lado-
Sentía que me encontraba a millas de distancia de Michael, él solo miraba muy serio toda aquella escena, me sentía incómoda estando de la mano de John, y con Michael ahí en frente, así que me solté, y entrelacé mis manos.
- ¿Ya te vas? –dijo Michael, tomándome de las manos y acercándome hacia el- ¿tan pronto?
- John podrías esperarme adentro -le pedí- yo te buscó dentro de un momento.
- Pero alis –refutó-
- Gracias –le sonreí, haciéndole entender que tenía que irse-
John solo nos miró, y se marchó, me quede observándolo hasta que su figura se desapareció al cruzar la pequeña puerta de madera. Me volví a mirar a Michael que se encontraba ahí en frente de mí.
- Entonces, ¿te tienes que ir?, ¿con él? –pregunto alzando una ceja-
- Pues es que hace un rato le pedí que me llevara a la casa, estaba un poco aburrida aquí, no conozco a ninguna de las personas que se encuentran allá adentro. –le dije-
- Ah! Entiendo, y… ¿él es? –dijo moviendo su mano, tratando de entender-
- El es Johnny Cooper, mi amigo, bueno es casi como mi hermano, he estado con él desde hace mucho tiempo –le dije, muy segura, necesitaba que creyera en mí-
- Entonces. ¿Lo conoces desde niña? –pregunto Mike-
- Si, mi padre es amigo de sus padres, por medio de mi padre lo conocí a él. Pero bueno ya, no vamos a pasar todo este tiempo hablando de él –le dije mientras le sonreía-
- Pronto me tengo que ir, ¿crees que nos podamos ver otra vez? –le pregunte un poco nerviosa, por su respuesta-
- Si claro tu solo dime el lugar.-dijo sonriéndome-
- Aamm…no lo sé –dije dubitativa-
- ¿Te puedo pasar buscando por tu casa, en la tarde? –pregunto rozando nerviosamente sus manos, como un niño-
- Si, claro -le sonreí-
- Entonces nos vemos mañana, a las 4 de tarde. ¿te parece? –pregunto él-
- Me parece perfecto. –le dije y le di un beso en la mejilla, para despedirme de él, y entonces Michael me atrapó en sus brazos, y me envolvió en su aura de ternura y magia-
- Hasta luego –dije después de separarme de él, regalándole una sonrisa, a la cual el correspondió.
- Hasta mañana alis, que tengas dulces sueños –me dijo, regalándome una hermosísima sonrisa-
- Gracias, tu también -le dije y bajé la cara, pues sentí que mis mejillas comenzaban a tomar ese colorcito rozado- Adiós –lo miré, y gire, me dirigía hacia la puerta que daba al salón.
- Alis, espera -grito Michael, yo me volví para ver que pasaba –déjame acompañarte hasta la sala; no me quedaré acá afuera solo –bromeó, y yo solo lo esperé mientras él se acercaba.
Me dirigió un gracias y yo le respondí con una sonrisa, caminamos en silencio hasta la sala, Michael con las manos atada detrás, en la espalda, y yo con las manos entrelazadas rozando nerviosa las yemas de mis pulgares entre sí.
Entramos a la sala, y busqué con la mirada a John, él estaba parado a unos cuantos metros de la entrada principal, ví a Michael y le envié un adiós con la mano, al cual él respondió con una sonrisa.
Me acerque a John y le dije que nos fuéramos, que por favor me llevara a mi casa, el sin decirme una palabra comenzó a andar hacia la puerta, yo un poco confundida por su actitud lo seguí.
Salimos del salón, y el carro de John estaba encendido, al perecer nos estaban esperando desde antes. El encargado del servicio del estacionamiento muy cordialmente abrió la puerta del auto para que yo entrara, le agradecí y me senté a esperar a John, él de un tirón muy fuerte cerró la puerta del auto mientras se sentaba, sin decir una sola palabra comenzó a conducir, rumbo a mi casa.
Un poco antes de llegar a mi casa decidí romper aquel incomodo silencio.
- John ¿que te pasa?
- Nada Alisha, nada –me dijo con el ceño fruncido-
- Algo te pasa, tú no eres así, ¿discutiste con tu padre? –le dije, tratando de descubrir lo que le pasaba-
- Mi padre no tiene nada que ver en esto, ya te dije que no me pasa nada –me dijo con un tono de voz molesto-
- ¿por qué me hablas así? –le dije confundida-
- Ahora no hay espacio para estacionarse –dijo molesto, dándole un pequeño golpe al volante deteniendo el auto, y observando frustrado la línea de estacionamiento frente al edifico-
- No importa me quedo aquí –dije bajando del auto molesta- disculpa por causarte tantas molestias, debí pedir un taxi –le dije después de cerrar la puerta-
- Alis, espera, yo no quise – lo interrumpí-
- Tranquilo. Hasta luego, buenas noches, y nuevamente disculpa –le dije y comencé a caminar hacia las escaleras para entrar al edificio-
No volví a mirar para atrás. Seguí y tome el ascensor que daba a mi piso. Llegue a mi departamento. Me recosté en uno de los sofás a pensar en el encuentro que había tenido con Michael, me había hecho la idea de que nunca más lo iba a ver, encontrarlo en aquel salón había hecho que comenzara a aparecer una mínima lucecita en la oscuridad de mi alma. Y algo me decía que esa pequeñísima luz, se iría agrandando hasta borrar completamente todo rastro de soledad, tristeza, porque Michael era luz, cuando estaba a su lado todo era hermoso, no existían tristezas, ni dolores, y yo quería una vida así, una vida llena de felicidad.
Después de tanto pensar, ví mi reloj y eran las 11:30 pm, fui a cambiarme, me coloque una cómoda ropa, me acosté y estaba tan cansada que al poco tiempo me quedé dormida.
Esa mañana me sentía diferente. ¿Feliz?, si quizá me sentía feliz, me mire al espejo y sentí que no me veía igual, había algo diferente en mi mirada, a lo mejor podía ser el efecto que Michael causaba en mí, me negaba a creerlo, pero en el fondo sabia que eso era lo más probable. Me di una cuantas palmadas en la cara rociándome agua, para volver a mi mundo; salí de baño y tome la bata de mi pijama, esta era de color rosado, y me dirigí a la cocina.
Me senté, abrazando mis piernas, en una de las sillas del comedor a disfrutar de mi café; cuando casi estaba terminando, llamaron a la puerta, me extrañó mucho pues nadie me visitaba, menos tan temprano, John me hubiese avisado, me levante de la silla un poco fastidiada, y abrí la puerta, y para mi sorpresa no era John.
- Michael, ¿Qué haces aqui? –le pregunte muy sorprendida, sosteniendo la manilla de la puerta-
- Hola buen día –me dijo él con una de sus hermosísimas sonrisas, y su mirada recorrió mi cuerpo de pies a cabeza- ¿te desperté?
- No, tranquilo ya estaba despierta –le dije y noté que tenia la bata abierta, me ruboricé enseguida y rápidamente la cerré y la ajuste a mi cuerpo con la correa de tela que tenia-
- ¿Y no me invitas a pasar? –dijo observando el interior del departamento-
- Que mal educada soy, claro que si, adelante –le dije mientras el pasaba, cerré la puerta y le ofrecí asiento-
- Gracias –me dijo y se acerco a mí dándome un tierno abrazo-
- -Aclaré mi garganta y tímidamente me aleje de el- que horror, me encontraste en estas fachas –le dije recogiéndome el cabello y sonrojándome ante su mirada tan curiosa observándome-
- Lo siento, quería darte una sorpresa –dijo con una risilla-
- Vaya, déjame decirte que lo lograste –le dije sonriendo- debiste avisarme, mírame parezco un fantasma. No mejor no me mires –dije tapándome la cara- estoy pálida, parezco una brujita.
- No exageres –dijo el soltando una carcajada- además yo te sigo viendo igual, linda –dijo un poco tímido-
- Si, como no –dije tratando de no ruborizarme ante su comentario- y ¿a qué se debe tu visita, tan temprano?, Michael quedamos de vernos a las cuatro –dije en forma de aclaratoria-
- Si, lo sé, pero es que cambie los planes –dijo mordiéndose el labio inferior-
- ¿A sí? Y ¿Por qué no me avisaste? –le pregunte alzando una ceja-
- Porque no había tiempo, fue un cambio de última hora.
- Aahh… ¿ya desayunaste? Mi especialidad en la es mañana es cereal, con frutas –le dije y solté una carcajada al confesarle eso, y también por su expresión de asombro- ¿Qué te sorprende?
- Es que la ultima vez, preparaste una comida riquísima, y ahora me dices que desayunas cereal. –dijo con una risilla- pensé que preparabas para desayunar otro menú.
- Prefiero cereal, además es fácil de preparar. -dije con una sonrisa- entonces ¿te quedarás a desayunar?
- No alis, hay otros planes –me dijo sonriendo- y tu formas parte de ellos –dijo alzando las cejas-
- ¿Cómo? –dije confundida-
- Si, por eso vengo a esta hora. ¿Que haces ahí sentada?, ve a cambiarte, se nos hace tarde.
- ¿A dónde vamos? –le pregunte, pero el solo movió su cabeza en forma de negativa-
- No te lo diré, es una sorpresa.
- Mmm, bueno dame 15 minutos… ¿si? –dije levantándome del sofá-
- Está bien te espero, pero 15 minutos eh! –dije riendo- no mentira, tómate el tiempo que quieras.
- Ahora vuelvo, estás en tu casa –le dije y me fui a cambiarme-
Me di una ducha muy rápida, y tome una ropa cómoda, me pinte un poco la cara, para no estar tan pálida, y a los 15 minutos estaba lista, una marca record.
Me vestí con una ropa cómoda, no tenía mucho tiempo para escoger, elegí una camiseta rosada sin mangas, con un pequeño chaleco blanco, unos jeans y unos tacones un poco altos que había usado hace unas noches atrás y como fueron los primeros que vi, sin pensarlos los tomé.
- Estoy lista Mike –le dije, el estaba de espalda viendo por el balcón-
- Estas muy linda –dijo el tímidamente-
- Ah! No exageres, me arregle en una marca record –le dije riéndome-
- Bueno se hace tarde vamos –dijo tomándome de la mano-
Salimos del departamento, Michael abrió caballerosamente la puerta, subió y empezó a conducir.
Trate a toda costa de que me dijera a donde me llevaba, pero por más que insistí el no me dijo, me di por vencida, y empecé a observar el paisaje, y algunas veces me veía obligada a apartar la vista, por los repentinos cambios de velocidad que aplicaba Michael, me decía que no tenia de que preocuparme, que él sabía lo que estaba haciendo.
Comencé a molestarlo con comentarios como, me parece que no sabes conducir muy bien, el se molestaba y me hacía reír, claro que él no se molestaba de verdad, porque luego se reía el también.
Me di cuenta que estábamos saliendo de la ciudad, y el tomó un pequeño atajo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario