En ese momento no sabía como controlar todo lo que me estaba pasando, sentirlo tan cerca, y su dedo índice tocando mi mentón. Lo miraba fijamente, no podía dejar de hacerlo, había una fuerza sobrehumana que me impedía reaccionar, o quizá era que no quería hacerlo, no quería salir de ese maravilloso espacio, en donde unos ojos oscuros me miraban con un brillo tan magnífico. Estaba luchado con todas mis fuerzas para que esa atracción tan fuerte que me arrastraba hacia el no me siguiera acercando a él y tentándome a ser algo que posiblemente podría ser un error.
Yo seguía observándolo, y viéndolo más cerca a medida que avanzaban los segundos, de repente mi razón pudo más que el corazón y comenzó a gritarme un montón de “detente Alisha, detente”, esas palabras resonaban en mi cabeza cada vez más fuerte, hasta que no lo soporte, sabía que eso era lo correcto, detenerme.
Reaccioné, por fin lo hice, con un movimiento muy brusco arranqué mi barbilla del dedo de Michael, y a la vez me levante, dejando a Michael ahí, con la mano aun extendida, y a los segundos la atrajo hacia él, cerro su mano acariciando su dedo índice con el pulgar y mirando la flor que deje tirada en el banco, con el ceño fruncido, y con una expresión de confundido.
Yo estaba de espaldas hacia él. No quería que me viera así, estaba sonrojada, confundida, a punto de salir corriendo, de huir de ahí, pero me contuve, mire de reojo a Michael, el estaba igual que yo, con la mirada clavada en el verde pasto, quizá por su mente estaba pasando la misma pregunta que me estaba torturando a mí. ¿Por qué rayos yo había reaccionado así?, quizá si no lo hubiese hecho, pudo haber sido menos notorio todo lo que yo sentía.
Ahora ¿con qué cara vería a Michael después de todo eso?, me sentía tan confundida, camine hacia el gran roble que estaba bastante cerca de donde estábamos, me acosté al pie de él, arropada con su inmensa y fresca sombra, apoyando mi cabeza en una de sus grandes raíces, cerré mis ojos y veía esos hermosos ojos mirándome fijamente. Una cosa liviana cayendo cerca de mis manos entrelazadas y posadas en mi abdomen me hizo sobresaltar, abrí mis ojos y era él posando la flor ahí, cuando lo vi me levante rápidamente y me quede sentada, tomando la flor.
- ¿Alis… estas bien? –me preguntó mientras se sentaba a mi lado-
¿Que se supone que tenía que responder yo? Por Dios, ni siquiera sabía si estaba bien, no podía describir que me pasaba, era eso lo que yo misma me preguntaba, ¿estaba bien? Nunca antes me había pasado algo similar.
- Debería- dije en un susurro, casi inentendible, por lo que Michael me pidió que repitiera- si supongo –dije un poco más duro, pero sin mirarlo, solo giraba la flor tomándola por el tallo.
- Este lugar es muy fresco –dijo para entablar una conversación, supuse que el seguiría como si nada hubiese pasado, yo decidí hacer lo mismo-
- Si, por eso decidí venir para acá –dije aun mirando la flor-
- Alis hay otros lugares que quisiera que veas, ven –dijo levantándose-
- Está bien –me levante, pero le pedí que me esperara mientras me quitaba los tacones-
- ¿Que haces? –pregunto mientras me esperaba-
- Me quito los tacones, prefiero andar descalza, sentir en mis pies la grama fresca –agarré mis tacones y empecé a caminar, cuando llegue al lado de Michael se me quedo observado un poco extraño-
- ¿Qué pasa, por qué me miras así?
- Mírate –dijo en una risilla- eres una enana
- Claro que no –dije y le di un golpecito con el dorso de mi mano en el brazo-
- Aauch –se quejo de mi golpe- si lo eres… mírate…-dijo riendo- no espera –dijo mirándome con cara seria-
- ¿Qué pasa?
- ¿no eres la hermana perdida de los enanitos de Blancanieves? –dijo antes de empezar a reírse a carcajadas-
- ¿Ah?... muy gracioso… -dije haciéndole una mueca odiosa y caminando rápido, dejándolo atrás-
- Ok, ok… -dijo en una risilla, y dando grandes zancadas para alcanzarme- no te molestes, solo bromeaba. –estaba a mi lado y me abrazo, hundiéndome en su pecho y dándome un beso en la cabeza-
- ¿lo ves?.. no soy tan “enana”, llego por tu hombro… -dije separándome de él, y haciendo una seña con mi mano, por encima de mi cabeza, hasta su hombro-
- Ya te dije que estaba bromeando –dijo riendo, y comenzamos a caminar-
Caminábamos en silencio, podía oír los suspiros de Mike… estaba tan pensativo, mirando solo al frente, lo hice reaccionar cuando tomé su mano, y lo dirigí hacia otro gran árbol que estaba ahí, tenía una sombra deliciosa, nos sentamos en silencio, respirando aquel delicioso aire y mirando el paisaje.
- ¿Alis, por qué pensaste que yo había decido alejarme de ti? –pregunto Mike curioso-
- Por la reacción que tuve, cuando me hablaste de la foto, creo que una persona normal no hubiese reaccionado así –Michael me miro con una expresión de confundido, le sonreí y le dije- con normal me refiero a, personas diferentes a mí.
- ¿Cómo, por qué lo dices? –me pregunto él-
- Mike yo he tenido experiencias desagradables con “amigos”,- dije mirando y acariciando las finas y pequeñas ramitas de césped- crean confianza, un vinculo amistoso, ¿y luego?..... luego me ignoran, se alejan, eso es desilusionador, es triste- lo mire y le dije- Pero tu eres diferente Michael, eres muy diferente a todos. –le sonreí al decirle eso ultimo y el también sonrió-
- Alis yo tampoco he tenido amigos, todos son simplemente compañeros de trabajo, es muy triste no tener con quien hablar, con quien divertirte, siempre he estado solo –dijo mirándome con una expresión triste- muchos dicen que porque soy famoso debo pasarla muy bien, de fiesta en fiesta, viajando, teniendo un montón de personas trabajando para mi, teniendo fama, dinero… pero no –dijo moviendo su cabeza, yo lo escuchaba muy atenta- no, eso no lo es todo Alis, si disfruto lo que hago, bailar cantar, regalarle al mundo mis obras, pero… después de eso ¿que?, ¿Quién soy?. No tengo a nadie, es difícil, porque muchas veces estoy cansado y tengo que ir a reuniones aunque no quiera, los horarios cambian dependiendo de cada país en donde este y no me he acostumbrado a uno cuando ya tengo que partir a otro muy diferente, hay muchísimas personas en el mundo de la música, y las que te rodean no siempre tienen buenas intensiones, la mayoría de las veces te hacen daño, ¿y la fama y el dinero?, eso no lo es todo… en realidad, eso no es nada –dejo de mirarme y clavo su mirada en la grama- no es nada –susurro, justo cuando iba a hablarle el siguió, y me miro con una sonrisa- pero te conocí Alis, llegaste a mi vida, y ahora todo es diferente, tengo una amiga, ¿sabes? Siempre he rogado al cielo, cada noche mirando la luna, he pedido por una persona con la que pueda hablar, en la que pueda confiar, y estoy seguro que mi deseo ha sido concedido, y con creces por el tiempo que me hicieron esperar –dijo eso ultimo en una risilla-
- Mike, gracias. Gracias por considerarme tu amiga, por confiar en mí, gracias por considerarme tu deseo concedido –me acerque a él y lo abracé, transmitiéndole todo el cariño que le tenía- y escúchame bien –le dije tomando su rostro entre mis manos y mirándolo de frente y fijamente- nunca más Michael, nunca más vuelvas a decir que estas solo, porque no lo estas, ahora me tienes a mí, y créeme yo siempre estaré a tu lado, como sea, pero siempre estaré, y sobre todo aquí –dije colocando mi mano en su corazón- solo tienes que cerrar tus ojos, y ahí estaré.
- Lo sé Alis, y créeme –dijo colocando su mano sobre la mía- de ahí nunca nadie podrá sacarte, nadie –me sonrió y me abrazo, una lagrima rodó por mi mejilla, el sin decirme nada la tomó con su dedo pulgar y me volvió a abrazar, esta vez muy tiernamente-
La tarde transcurría, y nosotros alegremente hablábamos y caminábamos bajo aquel despejado cielo de las cuatro de la tarde, ese lugar sin duda alguna era magnifico.
Michael y yo recorríamos el lugar agarrados de la mano balanceándolas como unos niños, de repente llego a mi mente un recuerdo.
Estaba mi madre sentada al pie de un frondoso árbol, con un lindo vestido, un gran sombrero y no muy animada. Mi padre estaba parado unos metros más allá, yo corría hacia sus brazos que estaban abiertos esperándome, me cargo y comenzó a girar mientras los dos reíamos a carcajadas.
Una mujer no muy delgada de 40 años aproximadamente se acercó a mi madre a decirle algo, ella se levanto enseguida sacudiendo su vestido y con una sonrisa se adentro en la casa.
La expresión de mi padre cambio inmediatamente, estaba como triste, me coloco sobre el verde pasto y bajo hasta mí y con una sonrisa me dijo te quiero hija.
La voz de Michael llamándome me hizo reaccionar, aunque en mi cabeza resonaban aun esas últimas palabras.
- ¿Dime Michael, que pasa? –dije pestañando un par de veces, para volver a la realidad y ponerle atención a Michael-
- Decía que ya es hora de irnos, y que te pongas tus zapatos –dijo en una risilla mirando mis pies-
- Michael ¿tan pronto? Yo no me quiero ir –dije haciendo cara triste-
- Tenemos que irnos, luego se hace mas tarde y no me gusta conducir así, mira esta anocheciendo –dijo señalando el cielo-
- Que exagerado eres, apenas y va bajando el sol, ni siquiera ha empezado el crepúsculo. Michael quedémonos a ver el crepúsculo –le dije casi en suplica-
- Alis lo que pasa es que se hará tarde y… -le interrumpí-
- Por favor, imagina como ha de verse un crepúsculo desde aquí. Y no te preocupes, yo conduzco. ¿Te parece?
- Alis… -me miraba fijamente y yo a él con una expresión suplicante- está bien, nos quedaremos –dijo vencido por mi expresión y esbozando una hermosa sonrisa-
- Gracias –le dije luego de una sonrisa-
Nos sentamos en la grama con vista al horizonte en donde comenzaban a aparecer los hermosos tonos del atardecer, el sol se veía divinamente anaranjado, el cielo dotado de nubes de color anaranjado y rojizo.
Nos quedamos en silencio todo ese tiempo, hasta que empezaron a aparecer los luceros, entonces me levanté y le dije a Michael que era hora de irnos, el me siguió, y como acordamos yo conduje hasta el edificio.
- Gracias por todo Michael –dije después de estacionar el auto-
- No tienes nada que agradecer Alis, por el contrario, gracias a ti por aceptar mi invitación –me dijo con una sonrisa-
- Ha sido un día fabuloso. Es el mejor regalo de cumpleaños que me han dado –le dije y los dos sonreímos, luego de eso nos quedamos en completo silencio, ninguno de los dos queríamos despedirnos, pero yo tomé la iniciativa-
- Bueno hasta luego –dije antes de bajarme del auto-
Michael bajo del auto, yo me acerque para despedirme de él nuevamente, me explicó que haría un espacio para volver a vernos, porque los siguiente días estaría un poco ocupado, le dije que no había problema, podía llamarme cualquier día que tuviera espacio.
Michael se acercó y me dio un beso en la mejilla y un tierno abrazo, luego se dio vuelta, subió a su auto y se fue.
Acostada en mi cama recordaba todo lo que había pasado en el día, pero lo que más recordaba era lo que Michael me había contado en la tarde, nunca antes nadie había hecho eso, nunca antes alguien me había tenido tanta confianza como lo había hecho Michael, eso significaba que en realidad yo era su amiga, y a eso me dedicaría, sería su mejor amiga, la persona en la que él podría confiar. Recordaba también cuando estuvimos considerablemente cerca, y me sentí horrible, me dije que eso no significaría nada, que Michael y yo solo podríamos ser amigos, no iba a dañar la amistad que estábamos construyendo, por el estúpido sentimiento de amor, o por lo menos eso era lo que pensaba en ese momento.
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